Tlaxcala, Tlax.- La entidad ha apostado por el programa “Tlaxcala Resiliente 2026”, una estrategia que busca hacer frente a los efectos del cambio climático mediante Soluciones Basadas en la Naturaleza, sin embargo, la convocatoria —que aún permanece vigente— presenta vacíos que podrían representar riesgos para el desarrollo y alcance del programa a futuro.
La estrategia que se encuentra sustentada en tres ejes, mismos que radican en “recuperar la cobertura vegetal, fortalecer a los polinizadores y promover prácticas comunitarias”, y sentada bajo acciones alineadas con la política de “Gestión del cambio climático” establecida en el Plan Estatal de Desarrollo y retomada por el PACCET 2023-2030.
Este programa contempla la entrega de especies vegetales y florales que buscan contribuir tanto a los polinizadores como a las prácticas comunitarias, con el fin de vincular a la ciudadanía con su entorno.
No obstante, la realidad parece ser distinta, pues mediante una revisión detallada de las bases del programa, se identificaron vacíos operativos que podrían comprometer su impacto real en el territorio, principalmente por la ausencia de una línea base de cuidado y vigilancia. Esto representaría una vulnerabilidad en el seguimiento de las acciones y agudizaría el factor de supervivencia de las especies en entornos donde la responsabilidad ciudadana podría verse rebasada por las condiciones urbanas.
Un programa que se maneja sin brújula
El programa “Tlaxcala Resiliente 2026” que forma parte de las acciones que buscan contribuir al Programa de Acción ante el Cambio Climático del Estado de Tlaxcala (PACCET) 2023-2030, y el cual está basado en las Soluciones Basadas en la Naturaleza, mismas que contempla medidas prioritarias para incrementar la capacidad de adaptación de los espacios frente a la actual crisis climática.
Frente a este panorama, se realizó un análisis de la convocatoria en el que se identificaron vacíos en el documento que podrían representar un riesgo durante el desarrollo de este. De acuerdo con especialistas, este tipo de iniciativas requieren planeación, adaptación al clima local, así como un alto rigor técnico, mediciones espaciales precisas y metodologías de seguimiento comprobables que no dejen de lado a las plantas, así como su cuidado y desarrollo.
Un programa que se mide bajo estimaciones, no bajo cuantificaciones
Y esto se refleja en un déficit actual que no se menciona —como cuántas hectáreas requieren recuperación o cuál es la carencia específica de polinizadores—, permitiendo que el programa se limite a establecer cuotas estandarizadas de entrega, como “hasta dos árboles frutales por familia” o “de 80 a 120 plantas polinizadoras por plantel educativo” sin atender áreas con verdadero estrés hídrico.
Medidas para evaluar el programa “Tlaxcala Resiliente 2026”
Aunado a esto, el rigor métrico planteado en la convocatoria para evaluar su impacto frente al cambio climático se encuentra centrado en estimaciones y no en mediciones reales. En el documento se establece que “se realizará una estimación de superficie intervenida a partir del número de especies entregadas y de los espacios reportados” por las personas beneficiarias.
Sin embargo, al basar esta estrategia en lo que el Estado reparte y en lo que la ciudadanía reporta, no se contempla un método de medición objetivo que permita contrastar los resultados con un estado inicial, es decir, con una línea base previamente definida.
¿Cuál es la verdadera prioridad?
Además, aunque la convocatoria contempla de manera breve una “priorización territorial con base en vulnerabilidad climática”, la selección y entrega de los apoyos se determina bajo una dinámica administrativa sustentada en la “disponibilidad de especies” y el “orden de registro”, evidenciando que el programa no busca intervenir de manera concreta en un territorio determinado ni se guía por un diagnóstico cuantitativo previo, ya que la distribución de recursos depende de quienes logren registrarse mediante el formulario digital.
Ante ello, Alejandro Ismael Monterroso y Jesús David Gómez, en el articulo “Impacto del cambio climático en la evapotranspiración potencial y periodo de crecimiento en México” afirman que las intervenciones mediante plantas deben ser guiadas para contener el estrés climático real, y que las donaciones de plantas o la recuperación de polinizadores no deben ser generalizadas, ya que el clima y sus estragos actúan de distinta forma a nivel local.
Supervivencia de las plantas, un reto presente en el programa
A esto se suma la falta de indicadores rigurosos de supervivencia, pues la Secretaría no será la encargada de realizar las plantaciones de manera directa, lo que deriva la responsabilidad en las personas que soliciten este beneficio, y para que la SMA garantice el éxito de la plantación, se plantea una “carta compromiso” firmada por la ciudadanía beneficiaria, quien se encargará de darle seguimiento mediante el envío de “fotografías” y a través de “visitas de verificación aleatorias”.
Para Rafael Yus Ramos, la recuperación de cobertura vegetal urbana y periurbana está respaldada por estándares científicos como la “regla 3-30-300” para áreas verdes, la cual advierte que no basta con entregar plantas o declarar intenciones. Para alcanzar este objetivo, los programas deben recurrir a inventarios de árboles, índices de vegetación satelitales, mapas de cobertura terrestre y análisis de visibilidad, aspectos que no se contemplan en el programa.
Una convocatoria sin una línea base
El Programa de Acción ante el Cambio Climático del Estado de Tlaxcala (PACCET) 2023-2030 establece distintas referencias temporales como línea base, principalmente en función del área de análisis sobre la que pretende intervenir. Por un lado, contempla las emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero (CyGEI), así como el balance energético y los mecanismos de mitigación, integrando información fundamental que sienta las bases necesarias para identificar posibles escenarios futuros.
Sin embargo, las metas planteadas en el programa están centradas en el reparto de insumos y no en un déficit ecológico claramente identificado, ya que no contempla una cobertura vegetal específica ni define la carencia exacta de polinizadores. Además, establece criterios de selección basados en la disponibilidad de especies y no en una línea base cartográfica o en el establecimiento de un seguimiento técnico.
Lo anterior contrasta con lo planteado en el PACCET 2023-2030, el cual sí contempla mecanismos de seguimiento técnico sustentados en la implementación de un riguroso Sistema de Monitoreo, Reporte y Verificación (MRV).
Si esta línea base —que funge como punto de referencia primordial y que describe las condiciones y acciones cuantitativas de cualquier proyecto— no se encuentra claramente definida, los escenarios futuros podrían encaminarse hacia metas poco realistas. Ante este panorama, la ausencia de un diagnóstico inicial, como la cuantificación del déficit actual de polinizadores o el grado exacto de vulnerabilidad de las comunidades y municipios tlaxcaltecas, limita el alcance y éxito del programa.
En consecuencia, la estrategia planteada desde la Secretaría de Medio Ambiente corre el riesgo de convertirse únicamente en un cumplimiento administrativo de entrega de insumos, dejando de lado su efectividad frente a una crisis climática real y cada vez más severa.
Por su lado, conceptos como el de resiliencia urbana ayudarían a dar representa ante elementos fundamentales para enfrentar crisis y desastres ambientales, ya que implica la capacidad de minimizar impactos y proteger a la población. Asimismo, este concepto permite vislumbrar de mejor manera los beneficios económicos y la optimización de recursos, evitando que estos escenarios paralicen grandes territorios o interrumpan suministros esenciales.
Además de los beneficios económicos, la resiliencia urbana también contribuiría a mejorar la calidad de vida de la población, tanto en la salud física como mental, garantizando un desarrollo sostenible a largo plazo.
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