En México, uno de los grandes pendientes que tiene el gobierno está relacionado con la formación continua y profesionalización del profesorado mexicano. Y es que, como profesión de Estado, muchos nos seguimos preguntando: cuál es el papel que le corresponde a las instituciones gubernamentales de las que ese mismo Estado se apoya para lograr los cometidos en sus diferentes rubros. Tal parece que una de sus obligaciones, ineludibles, es la formación inicial de los maestros y maestras que habrán de ocupar un lugar en el Sistema Educativo Mexicano (SEM); sin embargo, como bien sabemos, no solo en la docencia sino en cualquier profesión, la formación posterior a esa formación inicial que lleve a esos profesionales a lograr una especialización en torno a cierta área de conocimiento o disciplina, resulta fundamental para que su labor vaya acorde a las necesidades y exigencias que la sociedad y el entorno le plantea a diario.
No, no pretenderé a partir de
los argumentos iniciales, entrar en un amplio debate sobre lo que puede o no
significar (o lo que entendemos por) formación continua y profesionalización,
en este caso, relacionados con el ámbito educativo. Muchos especialistas han
aportado sus ideas sobre ello, por ejemplo, Ángel Díaz Barriga o bien, Pedro
Flores Crespo, reconocidos investigadores mexicanos. Lo que si deseo dejar en
claro es que, la formación continua y la profesionalización, en este caso,
docente, se comprende a partir de la formación inicial de quienes se han
insertado a la docencia.
Ciertamente son dos
cuestiones que, aunque diferentes en su concepción, siguen un propósito: la
adquisición de (nuevos) conocimientos sobre ciertos rubros, áreas o disciplinas
que permiten a los profesores, desarrollar las habilidades previamente formadas
en sus respectivas escuelas de formación. En este sentido, entender que la
formación continua y la profesionalización es el paso siguiente al logro de la
profesión, es algo tan real como cierto que, para el caso mexicano en los
últimos años, ha dejado mucho pero muchísimo que desear. De hecho, puedo
afirmar que aquí tiene una gran tarea el Nuevo Organismo para la Mejora de la
Educación que, palabras más palabras menos, sustituyó al Instituto Nacional
para la Evaluación de la Educación (INEE).
En el ámbito de la formación
continua, ¿qué pasó en el último sexenio? En el documento de Seguimiento de la
Estrategia Nacional del Programa de Desarrollo del Personal Docente (2018) se señala:
1) Que durante el 2018 se ofrecieron 19 cursos (EN LÍNEA) sobre el Plan y Programas de Estudio sobre el Modelo Educativo
2017, abarcando 1,068,650 maestros de los 1,200,000 contemplados (inicial,
preescolar, primaria, secundaria, telesecundaria). 2) Para atender las tres
líneas que contemplaba la estrategia nacional que se derivó de la evaluación, se implementaron: a) cursos
sobre la formación del proyecto de enseñanza y los proyectos de las figuras
correspondientes; b) Para ATP en tutoría y Servicio de Asistencia Técnica a la
Escuela (SATE).
Sí, así como lo leyó usted,
se ofrecieron 19 cursos en línea, todos relacionados con el Modelo Educativo, y
para atender las tres líneas de evaluación que, el gobierno de Peña Nieto, dejó
como uno de sus más desastrosos legados. ¿Qué pasó con los cursos, talleres o
diplomados que pudieron haberse ofrecido para que los maestros adquirieran
nuevos conocimientos y desarrollaran habilidades propias de su ejercicio
docente? Pues bien, el recurso destinado a este rubro, como bien sabemos, fue
dirigido a favorecer la imagen de un ex Secretario de Educación que, al final
de su gestión, pasó del color gris a negro, aunque erogó muchos recursos para
pintarse de colores. En fin.
Volviendo al tema que me
ocupa, en el mencionado documento también se señala, que se levantó (en ese
mismo año) una encuesta para conocer las necesidades del profesorado; los
resultados hablan de una oferta interesante pero no completa: En el ámbito pedagógico: 1) planeación
didáctica; 2) la evaluación del aprendizaje; 3) estrategias didácticas; 4)
actuación del profesorado en el aula. En
el ámbito de la gestión escolar: 1) liderazgo académico del director;
fortalecimiento institucional en la escuela, la comunidad escolar y la zona
escolar. En el ámbito disciplinar:
1) desarrollo de competencias en lectura, escritura, matemáticas y ciencias. En el ámbito de mejoramiento de las
tecnologías de la información y la comunicación: no hay registro. En el ámbito de temas transversales y de
relevancia social: 1) inclusión y equidad; 2) apoyo a la población
migrante; 3) telesecundaria; 4) lengua materna e inglés; 5) servicios
educativos.
Interesantes datos son éstos
pero, desafortunadamente, se han quedado en eso: en datos; al respecto, ¿la
Junta Directiva del Nuevo Organismo para la Mejora de la Educación pondrá
atención en ellos?, ¿cuál será la propuesta que, espero, en próximos días nos
dé a conocer?, ¿qué otros ámbitos y rubros pueden considerarse para mejorar la
capacidad académica en cada una de las escuelas de México?
Sobre este asunto vale la
pena recordar el calendario escolar que la Secretaría de Educación Pública
(SEP) publicó y difundió hace unos días, y en el que se plantea la “enorme
necesidad” de capacitar a los maestros y maestras a partir de los principios de
la Nueva Escuela Mexicana. ¿Pan con lo mismo?
Ahora bien, por lo que
respecta al tema de la profesionalización, después de haber culminado un breve
análisis sobre las Universidades que ofrecen programas de posgrado y que se
encuentran inscritos en el Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC),
les comparto algunos hallazgos:
- La UNAM ofrece dos programas relacionados con
pedagogía: maestría y doctorado en pedagogía.
- En el mismo documento, la Universidad
Autónoma de Querétaro, 1 maestría en didáctica de las matemáticas; la
Universidad Autónoma de Chiapas, 1 especialidad en didáctica de las
matemáticas; y esta misma Universidad, 1 maestría en didáctica de las lenguas.
- En ese documento, la Universidad Autónoma de
Sinaloa, ofrece 1 doctorado en Educación; la misma Universidad, 1 maestría en
Educación; la Universidad Autónoma de Tlaxcala, 1 doctorado en educación; la
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, 1 doctorado en Ciencias de la
Educación; esa misma Universidad, 1 maestría en Ciencias de la Educación; la
Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 1 doctorado en Educación; la
Universidad de Guadalajara, 1 doctorado en Educación; esta misma universidad, 1
maestría en docencia para la educación media superior; la Universidad Juárez Autónoma
de Tabasco, 1 doctorado en educación; y así cerca de 60 universidades en el
país.
Como pudo observar, solo dos
Universidades (la UNAM y la UAQ), ofrecen dos programas relacionados con la
pedagogía y la didáctica (en áreas específicas). Ciertamente dadas sus
condiciones de autonomía, pueden diseñar dichos programas de acuerdo a sus
estudios, necesidades, contextos, etc. Sin embargo, repito, como profesión de
Estado, ¿qué le corresponde al Estado en términos de profesionalización
docente? Es cierto, las becas que se otorgan a los cursantes es un buen aporte,
pero ¿no podría pensarse en la conformación de un Centro Nacional de Estudios y
de Posgrado que colabore en este propósito? O bien, ¿por qué no fortalecer las
diversas instituciones formadoras de docentes (UPN, escuelas normales, CAM,
etc.) que vienen ofreciendo diversos programas cuya base se encuentra en la
pedagogía y la didáctica?
Si el propósito es que una
vez lograda esa profesionalización, los aprendizajes adquiridos a partir de las
investigaciones realizadas, se implementen o desarrollen en cada una de las
escuelas en las que los maestros se desempeñan, ¿por qué no fortalecer o dar
paso a nuevas formas de trabajo que mejoren el desempeño de cada uno de los
profesores dentro de su aula? Claro, todo ello a partir de ciertos parámetros
que aseguren el que cada programa cumpla con ciertos requisitos para su
impartición.
Los nichos de poder, las
élites o la idea de que uno es mejor que el otro, bien podría desvanecerse
mediante el trabajo conjunto, pensando en la educación que México necesita.
Al tiempo.
Tiempo al que, por cierto,
le pediré unos días de descanso para leernos en próximas fechas.
Muchas gracias por regalarme
unos minutos de su tiempo cada semana. Que su receso escolar sea placentero.
¡Nos leemos pronto!
Referencias: