Federico Luis Pohls Fuentevilla
Desde
hace unas semanas, el gobernador Mena y la presidenta municipal Anabel Ávalos,
al parecer cada quien por su cuenta, han establecido compromisos para trabajar
sobre el medio ambiente, de acuerdo a su ámbito de competencia y por diferentes
razones. La presidenta municipal firmando una carta de intención con otras
presidencias de Tlaxcala y de Puebla hablando de comprometer acciones con
duración e impacto más allá de su periodo de gobierno. Y el gobernador Mena
pidiendo apoyo y comprometiendo recursos para que el CONACYT retome los
acuerdos tomados con el director anterior y ayude al gobierno estatal a cumplir
sus objetivos de desarrollo industrial, a lo que la directora actual del
Consejo le fuerza a atender junto con eso las necesidades de la población y de
no afectar más al medio ambiente.
Sobre
esto, ya en otros comentarios hemos expresado reservas ante estos compromisos,
no sólo por la historia reciente de incumplimiento en materia ambiental por
parte de ambas autoridades a dos años de haber aceptado lo recomendado por la
CNDH para el saneamiento de los ríos en la Cuenca Atoyac – Zahuapan, sino por
la historia larga de incumplimientos y simulaciones con los que los gobiernos
en el estados se han manejado desde hace muchos años. Esperamos que esta vez, como
ya también lo hemos dicho, aunque sea por una vez, los compromisos sean
verdaderos, se hayan hecho con la voluntad de cumplirlos con sustento en el
bien común y no en intereses perversos, y que esto se muestre también
destinando recursos adecuados, suficientes y a tiempo para realizarlos.
Pero
ahora, junto con esta inquietud por la simulación y la posible mentira
gubernamental, hay otra preocupación que tiene que ver más con las
consecuencias no sólo de los que se dejaría de hacer, sino de lo que sabemos
que sí se ha hecho y se pretende seguir haciendo en el estado.
Como
ya es bien sabido, porque Marco Mena lo ha repetido hasta la saciedad, la única
manera que el gobierno estatal alcanza a ver como buena para el desarrollo en
Tlaxcala es la instalación de industrias, con gran preferencia hacia las
grandes empresas trasnacionales y en todas las que les sean tributarias en
servicios, componentes, partes, materia prima, personal, accesorios y todo,
absolutamente todo lo que le exijan para que nunca se les acurra siquiera
pensar en abandonar nuestro territorio.
Pero,
¿cuál es el problema con esto si tantas personas en el gobierno y en la
iniciativa privada dicen que con más empresas siempre habrá más empleos y más
dinero con el que podremos hacernos de muchos bienes y con eso tener una mejor
vida?
Obviando
un poco la falsedad de esa afirmación, ya experimentada por la mayoría de la
población en el estado, el problema hoy es que, por esta dinámica de
incorporación forzada a la industrialización y a la tendencia urbanizadora que
trae consigo, de acuerdo a la Conabio, Tlaxcala forma parte del grupo de once
estados que ya no pueden mantenerse por sí mismos, pues prácticamente ya agotó
su capital natural. Es decir, que las especies vegetales y animales que
constituyen los ecosistemas del territorio se encuentran ya en un nivel de
degradación irreversible. Y, además de esto, el doctor José Sarukhán,
coordinador general de la Conabio, afirma que Tlaxcala es uno de los dos
estados de la República que peor están haciendo las cosas en materia ecológica.
Y
lo peor es que nuestros gobiernos estatal y municipales ha mostrado
constantemente que se niegan a reconocer que, como lo ha dicho José Sarukhán,
“la biodiversidad representa el capital natural de la nación, y es tanto o más
importante que otros capitales como el financiero o e manufacturero.”
¿Qué
hace falta para que las personas que ocupan los puestos de gobierno se decidan
a hacer las cosas bien?
No sabemos si haya alguien que lo sepa, y no sabemos siquiera si alguna vez se pueda contestar esa pregunta, pero, mientras eso se averigua, a pesar de autoridades y funcionarios, las ciudadanas y los ciudadanos debemos seguir avanzando en el cuidado de nuestro entorno, como ya se viene haciendo en varios municipios y en muchas comunidades: consumiendo sólo lo que necesitamos, conservando y mejorando las áreas verdes, cultivando flores, hortalizas y plantas medicinales en nuestros patios y traspatios, implementando técnicas que nos ayuden a reducir el consumo de agua y energía, separando la basura, recuperando y ocupando los espacios de vida y convivencia comunitaria y, por supuesto, organizándonos para exigir información verdadera y clara sobre lo que está afectando nuestro medio ambiente y sobre lo que los gobiernos están haciendo al respecto y para impedir que la devastación ambiental y social siga avanzando.