Atlihuetzia, Tlax. Hace poco Yariela terminó sus estudios universitarios. También trabaja en el sector turístico que por la contingencia sanitaria ha sido muy afectado. Ante las incertidumbres, decidió retomar un proyecto familiar: el invernadero de sus abuelos.
Este espacio ubicado en Atlihuetzia ha sido una terapia y su refugio durante la pandemia. “Estoy aprendiendo a trabajar la tierra en un espacio que es prestado. Pertenece a mi abuela, pero me siento orgullosa de que si me voy a una casa ya sé cultivar algo”.
En el invernadero, sus abuelos cultivaban maíz y jitomate, principalmente. Sin embargo hace más de dos años dejaron de hacerlo. “Yo nunca había cultivado, pero decidí retomarlo. Al final de cuentas hay que trabajar la tierra, más si es de los abuelos”.
Fue un proceso que comenzó en mayo, tuvo que remodelar y aprender desde cero una actividad que sus antepasados hacían cotidianamente. Justamente, fue su abuela quien la acompañó en este proceso; aconsejándola y ayudándola.
“La cagué un chingo. Mi abuelita y mi primo se reían de cómo hacía las cosas pero también eso es parte importante de adquirir conocimientos, de aprender y vivir la experiencia”.
Todo lo que cosecha es totalmente orgánico, además ha hecho este proyecto algo no solamente familiar o personal. También ha involucrado a sus amigos y el espacio está abierto para totas las personas que quieran aprender a cultivar a su lado.
Lo que se da más en el invernadero son el pepino y la lechuga, también tiene acelgas, pimientos, cebollas moradas y tomate cherry. Poco a poco se han acercado a ella para comenzar a comprarle, pero su principal motor es compartir con su familia.
“Esto es algo que yo decidí por mí y por mis abuelitos. Entendí que la forma de honrarlos era trabajando la tierra”.
Comentó que es importante hacer comunidad en torno a la concientización de los procesos del auto cultivo. “Conocer el origen de tus alimentos es algo fundamental porque está relacionado directamente con la salud”.
Es así como concluyó que la mejor satisfacción es comer lo que trabajó, “es la sensación más hermosa del mundo”.

