En Tlaxcala, la grandeza no se mide en kilómetros, sino en la profundidad de sus tradiciones. El Pan de Fiesta que lleva nuez, nata y leña ha trascendido fronteras, cuya tradición comenzó en los hornos de los llamados “San Juanes”: San Juan Totolac y San Juan Huatzinco.
La historia se remonta en 1525, cuando en los llanos de la región se sembraron las primeras semillas de trigo traídas por los españoles, siendo un éxito y construyendo el Quiahuixtlán, el primer molino en San Juan. La harina resultante viajaba directamente a los conventos de San Francisco y Santa María de las Nieves, donde los clérigos horneaban el pan para el consumo exclusivo de los peninsulares.
Fueron estos mismos frailes quienes enseñaron a los habitantes de Totolac el arte de la panadería. En aquel entonces, se elaboraba una pieza rudimentaria de harina, manteca de cerdo y sal, conocida como hogaza.
El milagro de 1714 y el nombre «de fiesta»
El destino del pan de fiesta cambió para siempre tras una serie de inundaciones que obligaron a abandonar el convento de Santa María de las Nieves, situado entre los ríos Zahuapan y Totolac. Los religiosos se trasladaron al cerro del Metecatzi para erigir un nuevo templo dedicado a San Juan Bautista.
El 25 de noviembre de 1714, al concluir la obra, los mayordomos y benefactores quisieron celebrar la inauguración obsequiando algo especial a la feligresía. Tras obtener un permiso especial de la administración española para usar el trigo (que entonces era un producto controlado), hornearon piezas de hogaza similares a las tortas de agua.
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Al regresar a sus casas, los asistentes eran recibidos con la pregunta: «¿Qué pan traes ahí?», a lo que respondían con naturalidad: «Es el pan que nos dieron en la fiesta». Fue así, de boca en boca, como nació el nombre de Pan de Fiesta.
Los Tahoneros
A aquellos panaderos expertos de los siglos XIX y XX se les conoció como tahoneros. El término proviene de la «tahona», el nombre antiguo de las panaderías que utilizaban hornos de leña.
Aunque hoy la palabra «panadero» es más común, en Totolac y Huatzinco el oficio sigue siendo un arte que combina la paciencia de la fermentación con el amor por la masa que se hereda de padres a hijos.

Hoy en día, la tradición se mantiene vibrante cada 24 de junio (día de San Juan Bautista) y el tercer domingo de enero. En Totolac, la fiesta no está completa sin la danza de «Los Panaderitos», donde niños vestidos con el atuendo tradicional de tahoneros recorren las calles repartiendo pan a los visitantes, asegurando que el ciclo de generosidad que inició en 1714 no se detenga.
- Tip si vas a San Juan Totolac: Busca el pan envuelto en hojas de zapote, una técnica que ayuda a conservar su humedad y aroma característico.


