Tlaxcala, Tlax.— El legado del Sistema Metepantle forma parte de las creencias, conocimientos y saberes agrícolas de las comunidades campesinas de Tlaxcala. Este método, compuesto por bordos de tierra donde se siembran magueyes que son acompañados por una diversidad de plantas e incluso árboles frutales, se mantiene vigente como un legado vivo para futuras generaciones.
Jaime García Hernández, tlachiquero y comerciante originario de la comunidad de Álvaro Obregón en el municipio de Españita, es una de las personas que mantiene vivo este sistema milenario. Para él, compartir estos conocimientos es una forma de resistencia y un legado que desea transmitir a su comunidad y, sobretodo, a su familia, pues menciona que el Metepantle forma parte de la memoria colectiva de muchos campesinos que han aprendido este sistema como una cultura ancestral.

Desde muy pequeño aprendió a labrar la tierra. En su juventud comenzó a trabajar el maguey y, en su adultez, comenzó a comercializar lo que la tierra le ha ofrecido.
Cada viernes como es rutina, Jaime acude al parque San Nicolás, ubicado en el centro de la capital para comercializar los productos que obtiene del campo, entre ellos, su característico pulque.
Entre el campo y el aprendizaje del sistema Metepantle
Para Jaime, hablar del campo es volver a momentos llenos de recuerdos junto a su papá, sus abuelos y los peones, con quienes salía a trabajar. Dice que sus mejores días fueron ahí, arriando vacas, jalando la yunta y haciendo los bordos donde sembraban los magueyes.
«Desde que yo me acuerdo, a los 3 años ya iba con mi papá a raspar, me montaban en el burro. Él iba raspando y yo iba a través de donde estaban los magueyes. Ya después me gustó ir a raspar el maguey» expresó García Hernández.
«La gente grande», como él los describe, fueron quienes le enseñaron a trabajar la tierra. Con ellos aprendió a usar las herramientas del campo y a mantener viva esta estructura milenaria. Con el tiempo entendió que «trabajar la tierra también es protegerla«.
Su padre le daba un pala pequeña con la cual aprendió a realizar bordos de tierra, en el cual colocaban magueyes y arboles frutales a la mitad de la superficie del metepantle. García Hernández relata que este sistema «protege más y se le daba más vida al campo».

Tambien aprendió a relizar zanjas en las partes laterales de este sistema y que tienen la función de canales para acumular agua y no permitir la erosión de la tierra. Al encontrarse en las colinas, él se percataba de terrazas elevadas donde se cultivaba el maíz que posteriormente el sembraría para brindar alimento a su hogar.
Mediante el pico y la pala fue descubriendo este método para prevenir la erosión de la tierra. Para él, reconocer el sistema metepantle es reconocer una tradición y una cultura que ha ayudado a conservar la tierra y a proteger los campos. Sabe que al hacer bordes, zanjas y terrazas, además de plantar maguey y árboles frutales, la tierra se protege mejor y el campo cobra más vida.
Entre la ciudad y el campo
Posterior a concluir sus estudios de primaria y secundaria, Jaime continuó su preparación en la vocacional 10 en el Distrito Federal (actualmente Ciudad de México). Sin embargo, cada fin de semana regresaba a su comunidad de origen para trabajar el campo junto a su padre. Sembrar el maíz, raspar los magueyes y, cuidar del sistema metepantle.
Con el paso de los meses comenzó a tener dificultades económicas, lo que lo orilló a dejar la escuela y trabajar en una fábrica, pero descubrió que su pasión estaba en el campo, junto a su familia y su comunidad. Posterior a cuatro años en el Distrito Federal, él decidió retornar a las tierras que lo vieron nacer, no sin antes tener una visión clara «dedicarse al pulque».
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Aprovechar los recursos que la tierra da
Posterior a su retorno a la comunidad de Álvaro Obregón, se dedicó de lleno al oficio de tlachiquero. Con un burro, un acocote y las castañas, él se iba a capar, raspar y recolectar el aguamiel de los magueyes que se encontraban en los bordos de las colinas.
También comenzó a sembrar la diversidad de frijoles y una gran variedad de árboles frutales como el capulín, manzana, ciruela, chabacano, tejocote y pera. Actualmente también ha sembrado aguacate. Y desde hace 20 años, estos productos han sido comercializados en el Mercado Alternativo Agroecológico de Tlaxcala.

Los frutos que ha traído consigo el sistema metepantle son de gran ayuda para las comunidades campesinas de Españita y de Tlaxcala. Este método, además de brindar alimento, ayuda a controlar la erosión de la tierra y de las laderas que son útiles para la siembra. Para Jaime, el sistema es un elemento donde se entrelaza el sentido de pertenencia y los conocimientos heredados con el ambiente y la naturaleza.
«para mí es una maravilla. Para mí es el maguey es una planta maravillosa que queremos mucho y que lo estamos cultivando, lo estamos cuidando, lo estamos protegiendo» enfatiza Jaime García Hernández.
Un legado que deja las futuras generaciones
A la fecha, Jaime ha heredado las enseñanzas de cultivar y cuidar el campo a sus hijos y nietos. Este sistema es una herencia que ha permitido preservar más de 10 variedades de magueyes, los cuales son aprovechados durante todo el año. Para él, la continuidad y preservación de este sistema queda en manos de sus hijos y nietos.
Actualmente, el sistema Metlepantle es reconocido a nivel mundial. Desde Naciones Unidas se ha distinguido este método como un Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) de Tlaxcala, México y el mundo. Para los pobladores, es un orgullo ser reconocidos como herederos y pioneros en la conservación de esta tradición milenaria. Para ellos, este reconocimiento representa una oportunidad para que otras personas conozcan esta forma de proteger la tierra y evitar su erosión.
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