- Nota editorial: Esta publicación fue actualizada el 8 de julio de 2026, en atención a una solicitud de réplica presentada por la periodista Louise Callaghan, de The Sunday Times. La nota incorpora las precisiones formuladas por la autora del reportaje y añade un resumen de su postura para ofrecer a los lectores mayores elementos de contexto.
Tlaxcala, Tlax.- El reportaje de la periodista británica Louise Callaghan, publicado por The Sunday Times, volvió a colocar en el centro de la discusión la trata de personas en Tlaxcala. La investigación, realizada en Tenancingo, documenta la permanencia de redes de explotación sexual que continúan operando pese a décadas de denuncias y a los discursos oficiales que sostienen que el problema ha sido erradicado.
A partir de las reflexiones del Dr. Óscar Montiel Torres y la Mtra. Ixchel Yglesias González Báez, especialistas que han investigado durante años este fenómeno, Escenario Tlx analiza algunos de los planteamientos que consideran relevantes para comprender el origen, la permanencia y las distintas formas que adopta la trata de personas en la entidad, además de recuperar sus observaciones en torno al enfoque del reportaje.
Tras la publicación de esta nota, Louise Callaghan envió una solicitud de réplica en la que señaló que su reportaje incorpora contexto local mediante entrevistas con integrantes del Centro Fray Julián Garcés y otras fuentes de Tlaxcala, quienes explican factores como la corrupción, la impunidad y las condiciones que favorecen la permanencia de la explotación sexual. Asimismo, sostuvo que las diferencias señaladas corresponden a decisiones editoriales de énfasis y estructura, y no a una ausencia de contexto.
Cabe mencionar, que las reflexiones de ambos especialistas fueron recopiladas en el podcast Sembrar conciencia. Escuelas que previenen la trata de mujeres en Tlaxcala, realizado en colaboración con el Centro Fray Julián Garcés A.C.
Los antecedentes de la trata de personas en Tlaxcala
Para comprender el origen y la permanencia de la trata de personas en la entidad, Escenario Tlaxcala entrevistó a Ixchel Yglesias González Báez, antropóloga y socióloga especializada en explotación sexual, y a Óscar Montiel Torres, antropólogo, investigador y coordinador en México del Observatorio Latinoamericano sobre Trata y Tráfico de Personas.
Por un lado, Montiel Torres afirma que este fenómeno tiene raíces históricas que se remontan a la época posrevolucionaria, cuando una combinación de marginación, exclusión laboral y transformaciones religiosas sentó las bases de lo que más tarde se convertiría en el sistema proxeneta de la entidad.
Uno de los momentos clave ocurrió durante la década de 1920, cuando algunos poblados adoptaron una iglesia cismática ortodoxa mexicana respaldada por el gobierno de Plutarco Elías Calles. La decisión provocó una ruptura con el entorno predominantemente católico y derivó en la exclusión de sus habitantes de espacios laborales, actividades económicas y celebraciones comunitarias.
Ante este escenario, numerosos hombres migraron hacia Puebla y Ciudad de México en busca de oportunidades. Fue durante estos desplazamientos cuando algunos aprendieron mecanismos de reclutamiento y manipulación de mujeres que posteriormente trasladaron a sus lugares de origen.
Entre las décadas de 1940 y 1950, el regreso de la religión católica y la reactivación de los sistemas de cargos religiosos y festividades patronales generaron nuevas dinámicas económicas dentro de las comunidades. Los recursos aportados por quienes obtenían ganancias a través de la explotación sexual comenzaron a financiar celebraciones y actividades locales, favoreciendo su integración y legitimación social.
Con el paso de los años, la práctica pasó de limitarse a ciertos grupos y comenzó a reproducirse mediante redes de amistad, compadrazgo y convivencia laboral. Algunos hombres ingresaban temporalmente a fábricas o centros de trabajo donde compartían estrategias de captación y control, contribuyendo a la expansión de un modelo que convirtió a Tlaxcala en uno de los principales referentes nacionales de este fenómeno.
“Seres para otros”, el pilar de la explotación
Mientras tanto, la investigadora Ixchel Yglesias González sostiene que la permanencia de la trata también se explica por estructuras culturales profundamente arraigadas. Una de ellas es la construcción de las mujeres como «seres que son de, para y por los otros», una visión que históricamente ha asociado su papel social con el cuidado, el servicio y la satisfacción de necesidades ajenas.
Desde esta lógica, las relaciones de poder se construyen sobre la idea de que los cuerpos y la vida de las mujeres pueden ser apropiados o utilizados por terceros. Esta concepción favorece la normalización de distintas formas de violencia y crea condiciones propicias para la explotación sexual.
Montiel Torres explica que, dentro de estas dinámicas, las mujeres de las propias familias o círculos cercanos de los tratantes rara vez son el objetivo principal. En cambio, los reclutadores suelen desplazarse hacia otros municipios o estados donde no son identificados y pueden construir vínculos afectivos sin despertar sospechas.
La estrategia consiste en generar confianza a través de relaciones sentimentales, promesas de matrimonio o expectativas de una vida mejor. De esta manera, los mecanismos de control no se sustentan inicialmente en la violencia física, sino en herramientas emocionales y afectivas que facilitan el reclutamiento y posterior sometimiento de las víctimas.
La impunidad como engrane del sistema proxeneta
Para González Báez, la permanencia de la trata de personas en Tlaxcala no puede explicarse únicamente por las estrategias de reclutamiento o explotación. Detrás de este fenómeno existe una red de omisiones, complicidades y actos de corrupción que han permitido al sistema proxeneta operar durante décadas con altos niveles de arraigo y escasas consecuencias legales.
Y a pesar de los esfuerzos gestados por las autoridades en turno, esta permanencia es posible gracias a mecanismos de protección que incluyen sobornos a corporaciones policiales y la tolerancia de autoridades encargadas de prevenir o sancionar estas conductas.
De acuerdo con los entrevistados, históricamente las instituciones han centrado su atención en algunos actores de la cadena delictiva mientras dejan fuera a los consumidores, pese al papel fundamental que desempeñan en la continuidad del negocio.
A ello se suman los vínculos que, según los especialistas, existen entre sectores políticos y personas beneficiadas por la explotación sexual. Señalan que algunos tratantes han logrado establecer relaciones con actores de poder e incluso participar indirectamente en dinámicas de financiamiento político. Paralelamente, parte de los recursos obtenidos mediante estas actividades circulan dentro de las comunidades a través de préstamos, apoyos económicos o patrocinios que terminan cubriendo vacíos dejados por la ausencia del Estado.
El coordinador en México del Observatorio Latinoamericano sobre Trata y Trafico de Personas advierte que la atención pública suele concentrarse en personajes específicos o casos aislados que terminan funcionando como distractores. Bajo esta lógica, las redes de explotación se reducen a figuras individuales, mientras permanecen fuera del debate las estructuras económicas, políticas y sociales que permiten su funcionamiento.
Para los especialistas, esta combinación de silencio, protección y ausencia de sanciones convierte a la impunidad en uno de los principales mecanismos que garantizan la permanencia del sistema proxeneta en Tlaxcala.
Especialistas cuestionan el enfoque del reportaje
Si bien el reportaje de la periodista británica Louise Callaghan volvió a colocar la problemática de la trata de personas en Tlaxcala en la conversación pública, González Báez considera que dejó fuera elementos fundamentales para comprender la complejidad del fenómeno, particularmente porque, a juicio de la especialista, el contexto histórico y las dinámicas sociales de la región merecen un mayor desarrollo dentro de este tipo de coberturas.
Como señaló González Báez en su reciente pronunciamiento, no es lo mismo informar que visibilizar, ni generar impacto que producir conocimiento. En ese sentido, afirmó que muchas personas agradecen «que se hable del tema», pero al mismo tiempo expresan «inconformidad con la manera en que fue presentado».
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La investigadora sostuvo que expresiones como la descripción de Tenancingo como un «pueblito» pueden contribuir a reforzar estereotipos y reproducir una mirada que calificó como racista y colonialista hacia la comunidad.
A ello se suma el riesgo de caer en enfoques sensacionalistas que priorizan el impacto narrativo sobre la comprensión del fenómeno, González Báez advirtió que este tipo de coberturas pueden derivar en una «pornografía de la violencia», donde la atención se concentra en el consumo de ficciones más que en las causas estructurales que sostienen la problemática.
La especialista señaló que esta narrativa resulta particularmente preocupante porque termina criminalizando a comunidades enteras, profundizando el estigma sobre sus habitantes y dificultando el trabajo de quienes durante años han investigado el fenómeno, acompañado a víctimas y desarrollado estrategias de prevención, «muchas veces enfrentando riesgos reales en el territorio».
Desde esta perspectiva, el debate no gira únicamente en torno a la existencia del fenómeno de la trata de personas, sino a la forma en que éste es narrado y contextualizado. Montiel Torres y Báez González argumentan que una cobertura más amplia de los procesos históricos, sociales e institucionales contribuiría a una comprensión más profunda del problema, elementos que Callaghan ha incorporado en su reportaje mediante fuentes locales, aunque con un énfasis editorial distinto.
Aclaración de Louise Callaghan
Tras la publicación de este artículo, la periodista Louise Callaghan, autora del reportaje publicado en The Sunday Times, envió una solicitud de réplica en la que manifestó que el texto de Escenario Tlaxcala omitió consultar previamente su postura. Señaló que su reportaje sí incluye contexto sobre las causas estructurales de la explotación sexual en Tenancingo, mediante entrevistas con integrantes del Centro Fray Julián Garcés y otras fuentes locales que abordan la corrupción e impunidad que han permitido la permanencia del fenómeno.
Asimismo, sostuvo que las decisiones editoriales sobre el énfasis y la extensión de determinados aspectos no significan una falta de contexto ni una comprensión superficial del problema. También indicó que, antes de publicar su reportaje, buscó obtener la postura de la gobernadora de Tlaxcala y de autoridades municipales de Tenancingo, sin recibir respuesta.
En su comunicación, Callaghan expresó que considera preocupante que el debate se centre en la representación de Tenancingo y no en la problemática de violencia y explotación sexual documentada durante décadas en la entidad. Finalmente, solicitó que su aclaración fuera incorporada a esta publicación y que se incluyera un enlace a su reportaje original para que los lectores puedan contrastar ambos contenidos.
Para consultar el reportaje completo de Louise Callaghan, da clic aquí.


