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Un tlaxcalteca en el Jueves de Corpus de 1971

En estas fechas, cuando la represión de la policía en Estados Unidos y en México ha dejado episodios terribles, un recuerdo, en el pasado sangriento que lamentablemente tiene un país como México, no puede ser ignorado. Un 10 de junio de 1971, entre otras fechas, es tristemente recordado por la “Matanza del Jueves de Corpus”, donde miembros de una agrupación denominada “los Halcones”, atacó con garrotes y armas de fuego a una marcha de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional, entre otras escuelas. Sin ahondar tanto en los antecedentes, tras una protesta de estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León por una reducción presupuestal, emergió a una Huelga, y los jóvenes de la Ciudad de México se unieron a esta protesta, rápidamente se movilizaron grupos para mostrar su apoyo, organizándose una manifestación que iría del Casco de Santo Tomás hasta la calzada México-Tacuba, hasta alcanzar el zócalo capitalino. No olvidar que los sucesos del 68 aún estaban presentes y la sangre de los caídos el 2 de octubre aún estaba fresca.

La manifestación salió pues, del lugar pactado y al avanzar, grupos policiacos se acercaron y posteriormente llegaron los “Halcones”, un grupo paramilitar dirigido por Manuel Díaz Escobar apodado el “Maestro” que reclutó a jóvenes de entre 18 y 25 años, encaminados a ser un equipo de choque contra cualquier tipo de protesta, mucho se especula que fueron entrenados por el ejército en artes marciales y entrenados para infiltrar elementos entre los grupos estudiantiles (La película Roma, en sus imágenes, muestra brevemente cómo estos paramilitares fueron entrenados y participaron en la masacre). A la altura del Metro Normal, siendo un poco más de las 17:00 horas del 10 de junio de 1971, los Halcones iniciaron su brutal ataque, comenzó la locura: golpes, balas, heridos, muertos, gritos, dolor y sangre. La manifestación fue duramente reprendida, ante la mirada atónita de la policía. El presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez, se deslindó de la agresión y responsabilizó al Regente del Distrito Federal Alfonso Martínez Domínguez. Al final más de 100 estudiantes muertos, varios presos y disturbios en las calles.

Esteban Mendieta Hernández, oriundo de San Diego Metepec, Tlaxcala, “Beto”, como le decían sus allegados y familiares, partió de su pueblo natal para estudiar en una vocacional del Instituto Politécnico Nacional, hasta enrolarse tiempo después en la Escuela Superior de Economía. Como varios de su generación, el educarse en el nivel superior era un sueño y un caro anhelo. Sacrificó mucho, pasó pobreza y hambre para poder comprar un libro y tener algo de ropa para ir presentable a clases. En tiempos donde ser socialista es mal visto y leer a Marx prácticamente un crimen, simpatizó con las ideas de la izquierda que en su momento íconos como Ernesto “Che” Guevara representaban y la Cuba caribeña se ensalzaba como bastión del comunismo. Él no vivió el movimiento del 68, pero conoció a varios de sus participantes. Beto, le encantaba polemizar y tenía buenas hechuras para el debate, por lo que no tardó en integrarse en el grupo estudiantil de 1971 que organizó la marcha. Esa tarde, sabía el punto de partida y llegó a bien tiempo, se integró al contingente y alzaba la voz al unísono en las arengas que se emitían. A medida que avanzaban los estudiantes, vio como unos granaderos intentaron detener a los estudiantes, algunos improperios y golpes, pero el conjunto prosiguió su camino, después, cerca del Metro Normal comenzó la trifulca, hombres vestidos de civil, algunos con playeras de color claro y bastones de kendo se les plantaron, desde distintos puntos de la manifestaciones se escucharon gritos que decían “resistan”, pero al oírse detonaciones de bala, todos empezaron a correr a distintas partes. ¡Caos! Beto corrió, corrió sin parar, llevaba su viejo portafolio de imitación piel en el cual guarda algunos apuntes de economía. Vio como los Halcones noqueaban con sus armas a varios de sus compañeros, los vio caer, pero el instinto de sobrevivir lo impulsó a no detenerse, casi sin habla llegó a un cine, con los mugres pesos que tenía pagó la entrada, según su testimonio: “No recuerdo qué película se exhibía, creo era ‘Juan Charrasqueado’, no sé, era tanto el miedo”. Al concluir la función salió, la noche había cubierto con su manto las calles de la capital, notó que su portafolio tiene un agujero, una bala lo cruzó, no sabe cómo pudo pasar. Se movió entre las sombras, la policía proseguía sus rondines  ¡destrozos y sangre! Una mujer al verlo le dijo “¡oculte ese portafolio!”, lo mete en su bolsa de mandado y nuevamente volvió a hablar “camine a mi lado, que crean que es mi familiar”, avanzó varias cuadras hasta que salieron de la zona del desastre. Como pudo, se va a su dormitorio, a la Casa del Estudiante, no tenía a donde ir. Encontró a algunos de sus compañeros, hablan de irse, pues no tardarían sus perseguidores en llegar ahí, al intentar salir alguien los delata ¿un Halcón infiltrado? Y fue llevado preso, después de los separos, cayó en Lecumberri, pasaría en la sombra varios meses ahí ¿el cargo? Ser estudiante. Algunos Halcones fueron detenidos, pero como nadie los denunció, salieron impunemente, Luis Echeverría Álvarez prometió esclarecer los hechos, nada pasó, y el “Maestro” dos años después fue enviado a Chile.

Cuando me contó la historia Esteban Mendieta Hernández, no daba crédito. A mis escasos 12 años no del todo lo podía comprender, tiempo después, le pedí me narrara esta cruda historia y hasta donde mi memoria alcanzó a retener, la he sintetizado lo mejor que pude, pido disculpas a mis lectores si algo omití o no lo supe reflejar, pero esta fue su historia, breve, de un tlaxcalteca que vivió en carne propia la represión del Estado contra una juventud que tenía ideales y clamaba por tener voz, exigía ser escuchada. Quizá hubo más tlaxcaltecas, la capital tuvo muchos estudiantes de provincia inmiscuidos el 2 de octubre y el 10 de junio.

En estos tiempos donde la brutalidad policíaca ha levantado ámpulas una vez más por la muerte de Giovanni López o por los golpes propinados a “Melanie”, nuevamente este país sediento de justicia clama una vez más. Pero pareciera que oscuros intereses niegan la luz para esclarecer tan funestos hechos, y voces como la de Esteban Mendieta Hernández deben ser escuchadas, para recordar que hay mucho por hacer para lograr un país libre de cobardía, abuso e impunidad.     Escenario Tlaxcala no recibe dinero por convenios oficiales y no pretendemos hacerlo. Necesitamos de ti que eres parte de esta comunidad de lectores. Suscríbete a nuestro ejército de guerreros y luchemos juntos por más periodismo independiente y contra la desinformación.

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