Por: Jorge Cabrera
Desde la geografía tlaxcalteca, Rafael Cázares presenta la Colección Tatewari un conjunto
de 12 piezas rocosas, provenientes del eje volcánico Malintzin-Citlatépetl. Tatewari significa “Nuestro abuelo” es la deidad wixarica del fuego perteneciente a la civilización mesoamericana de los huicholes, cultura que se ubica en los estados actuales de Nayarit, Zacatecas, Durango y el norte de Jalisco. De acuerdo con la tradición oral enseñó el uso del fuego; acompaña a los curanderos en los ritos; instruyó la cacería del venado y sirve como guía de los peregrinos. “Nuestro Abuelo” es el protagonista de la colección. Es quien convocado a partir del fuego moldea las rocas, hace que dancen, que cambien su apariencia y tangibilidad. Después del fuego, las rocas muestran la maravilla de la Tierra, comprendida como concepto, como ente que proporciona los recursos naturales.
La particularidad de las rocas es que pueden desdoblarse; no es un arte inmóvil, son piezas dinámicas e interactivas, pueden volver a su estado original. Las rocas convergen con el fuego en un estado cíclico que les permite volver al núcleo, es un material que perdura en el tiempo, una técnica que permite resistir y a la vez transformarse.
A la técnica se le ha decidido denominar como piedras termodeformadas a razón de su exposición a altas temperaturas, ya que son horneadas entre los 600 y 1000°C. Mantienen una resonancia permanente con los petrograbados de “Las Cuevas” de Atltzayanca, Tlaxcala: un hallazgo arqueológico que se diferencia de otras artes rupestres, ya que por los regular los nativos empleanan las paredes como soporte de sus pinturas, en cambio, los antiguos habitantes de Atltzayanca tallaron las piedras, en las que dejaron registradas figuras humanas y en especial rostros sonrientes, un gesto que conecta con la humanidad: un gesto ancestral, contemporáneo y, a la vez, atemporal.
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Cázares en este proceso, funge como un mensajero; ayuda a que las rocas sean las que dialoguen con el espectador desde una perspectiva de contemplación. En este trabajo colaborativo, vemos como “Tatewari” moldeó las piedras mediante el fuego, Rafael Cázares las guio hasta los espectadores y las rocas nos enseñan la maravilla de los recursos naturales, de la vida y de la Tierra.





