Por miedo al rechazo familiar, Yeick intentó suicidarse; como hombre trans, hoy vive feliz

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Tlaxcala, Tlax. Yeick tiene 19 años, es un joven tlaxcalteca, que desde muy pequeño manifestó interés por juguetes usados regularmente por niños, como los carros, los balones y los luchadores, además siempre fue muy “rudo”. Un día se cortó el cabello para ser como sus primos, a su mamá le pareció una travesura, pero él, lo hacía una y otra vez; la realidad era que no sentía que su cuerpo de niña le perteneciera.

Cuando nació, la llamaron Yuleimi; su familia siempre supo que ella era diferente a otras niñas, “En realidad yo siempre me identifiqué con el sexo masculino, siempre vestí como niño, sentía que mi cuerpo no estaba destinado a lo que era”.

Al principio, Yeick pensaba que era lesbiana por su evidente gusto por las mujeres, pero poco a poco tras reflexionar, analizar e informarse, supo que siempre había sido un niño, y uno de sus mayores sueños es hacer esa transición, pero también es consciente de que este proceso requiere de mayor madurez, por lo que ha decidido esperar unos años para comenzar el tratamiento hormonal, y aunque se identifica como hombre, en este momento siente que es una mujer tomboy, es decir, una mujer con apariencia de hombre, justo, porque aún no comienza su verdadero cambio.

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Antes de vivir plenamente su identidad de género y preferencias sexuales, pasó momentos muy duros, como la primera decepción amorosa y el miedo a decirle a sus padres que le gustaban las mujeres, pues sentía que lo rechazarían, por lo que tomó una decisión precipitada, intentó suicidarse tomando pastillas que le quitó a su mamá, y a pesar de que estuvo delicado, no dijo la razón hasta un año después.

Cuando entró a la secundaria, comenzó a sentir mucha presión por su entorno, le decían que pronto tendría novio, que algún día se iba a casar con un hombre y tendría hijos, o algo tan simple como su posible fiesta de quince años, lo abrumaba, nunca le llamó la atención, no estaba cómodo con su presente y le preocupaba el futuro que su entorno le planteaba.

El día que confirmó que le gustaban las mujeres fue jugando botella con sus amigos, él por alguna razón, estaba muy interesado en que le tocara besar a una niña, y cuando sucedió, por primera vez sintió “mariposas en el estómago”.

Tiempo después, Yeick le contó a una amiga que le gustaban las mujeres, “ella me dijo que tal vez sólo quería experimentar, entonces nos besamos por esa supuesta curiosidad, pero terminamos siendo novias durante un año; me sentía bien, me sentía otra persona, era muy especial, pero lo ocultábamos por nuestras familia, por la gente, por la escuela, teníamos miedo a que nos hicieran algo por ser diferentes”.

“Tras ese año de noviazgo, decidimos hablar con nuestras familias, pero antes de que eso sucediera, el rumor de que ella era lesbiana le llegó a sus papás, les dijeron que la habían visto con una chava y se veían raras, ella dijo que yo era su mejor amiga, yo sentí muy feo, se rompieron muchas cosas en mí, no sabía si seguir adelante escondiéndonos o si buscar un chavo, que en teoría sería lo correcto; al final, terminamos la relación porque ella tenía miedo, eso me generó mucha confusión, me puse muy mal, todo se me juntó porque además en mi familia no sabía que yo era lesbiana, también me daba miedo decirles, me sentía sola y por eso decidí suicidarme, por miedo a platicar con mi familia lo que me había pasado”.

Después de un año de su intento de suicidio, con la ayuda una prima, le contó a su mamá que le gustaban las mujeres; en lugar de recibir ese rechazo al que temió durante tanto tiempo, su madre lo abrazó, le dijo que lo amaba, que nunca lo discriminaría ni negaría ante nadie, sino al contrario, lo apoyaría y cuidaría en todo momento, “Fue algo que nunca creí que pasara, sentí mucha paz cuando me abrazó, algo muy bonito, nunca lo esperé, me pidió un tiempo para asimilarlo, incluso, en ese momento por primera vez alguien se refirió a mi como hombre, pues dijo que no quería que me sintiera incómodo o incomoda, entonces, cuando le dije a mi mamá comencé a salir más a la luz, fui más yo, me sentí un hombre, me sentí libre, y decidí llamarme Yeick”.

Posteriormente le dijo a otros familiares; hubo diferentes opiniones, un tío lo llamó “marimacha” y le dijo que no era natural que le gustaran las mujeres, pero con el tiempo ese mismo tío le pidió disculpas; en general, la mayor preocupación de su familia siempre ha sido que sea rechazado socialmente,  que sea discriminado o violentado.

Otra de las personas que no lo aceptó inmediatamente y lastimó mucho a Yeick, fue su papá, pero después, con todo su amor decidió apoyarlo; junto con su hermano, su madre y el resto de su familia, es ahora un joven feliz, lleno de sueños, quiere poner una academia de baile, estudiar enfermería, pero sobre todo, se siente agradecido por ser aceptado y recomienda nunca guardar silencio en torno a las preferencias sexuales, “el silencio, así como el miedo, pueden llevar a alguien a tomar decisiones equivocadas”.

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