Tlaxcala, Tlax. Olivia Teroba es de Tlaxcala pero hace varios años se fue a Ciudad de México a estudiar letras. Ha tenido varias becas de creación literaria, específicamente en narrativa, pero su primer libro publicado, Un lugar seguro, es de ensayo.
Antes de ser libro, eran algunos escritos que Olivia tenía dispersos en su computadora, notas sobre su cotidianidad, “La idea de formarlo como libro de ensayos fue a partir del Premio de Ensayo Emmanuel Carballo, que da el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, por lo que decidí reunirlos, aplicar para el concurso y ganó”.
Posteriormente lo publicó con la Editorial Paraíso Perdido, y fue uno de los libros más vendidos del 2019 en la FIL, “creo que ha tenido muy buena recepción justo porque habla de temas cotidianos y personales, hay muchas lectoras identificadas. He hecho talleres alrededor de él, donde hemos podido conversar estos temas, pero más allá de los comentarios, hay muchas preguntas implícitas, como dónde podemos encontrar un espacio donde nos sintamos a salvo”.
Estos ensayos, desde la voz en primera persona de Olivia Teroba, han llevado a sus lectoras a discernir sobre qué es el feminismo y cómo coexiste con nuestro entorno, además de cómo cuestionar las estructuras patriarcales arrastradas durante años, que incluso se pueden encontrar en entornos tan cercanos como la familia, “Son preguntas que me hago a lo largo del libro y que trato de plantear en cada texto, creo que por eso ha tenido mucha resonancia”.
Las temáticas de “Un lugar seguro”, son diversas, hablan de la vida de la autora, de sus experiencias, de sus amistades, de la literatura escrita por mujeres, del entorno de violencia en el que se vive, por lo tanto es un libro feminista, que atraviesa su cotidianidad y también la de muchas otras mujeres.
Lo que hace diferente a esta obra de ensayos, es que se aleja de aspectos teóricos del feminismo, no explica las ideas sobre éste, pero emana desde la vida cotidiana, por lo que ha sido muy bien recibido. Además el título viene de la constante pregunta de Olivia a lo largo de las páginas sobre cómo se puede encontrar un lugar seguro con tanta inestabilidad, con tantas agresiones que se sufren todos los días; la respuesta se encuentra en las relaciones personales y en crear espacios de confianza.
Ella, cree que estas búsquedas son algo que está en el aire, “He encontrado resonancias en otros libros de personas de mi generación y otras generaciones, como ‘Su cuerpo dejarán’ de Alejandra Eme Vázquez, que habla sobre la vida cotidiana, sobre los cuidados, los afectos, también ‘Una no habla de esto’, de Sylvia Aguilar Zeleny, es muy personal, tiene este formato de diario; es algo que estamos poniendo al frente porque buscamos cosas en común y justo la literatura ayuda a entender”.
En Tlaxcala el libro fue presentado en febrero, ha tenido muy buena recepción y lo puedes comprar en línea. Para que te piques, te dejamos aquí un cachito que Olivia Teroba nos prestó para que puedas leer. Además en esta época de caos y cuarentena, leer talento local es hermoso, como lo dijo la autora, “Es un libro que invita al diálogo y todos necesitamos platicar con otras personas mientras estamos encerrados en nuestras casas, es algo muy sano”.
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Desocuparse
Mi hermano menor consiguió trabajo en la Ciudad de México y se ha mudado, como era de esperarse, conmigo. Solo somos él y yo, en un departamento con dos habitaciones, comedor, cocina y baño. Ha sido difícil: antes de que llegara, había empezado a acostumbrarme a vivir sola. En algún momento compartí este lugar con mi expareja, y cuando se fue hice lo posible por estar fuera de casa la mayor parte del tiempo. Incluso, en un gesto de dramatismo innecesario, desconecté el refrigerador. Ya me estaba reconciliando con este espacio cuando, de un día para otro, mi hermano llegó desde Tlaxcala, nuestra ciudad natal, a dormir en el que era mi estudio, ocupar mis utensilios domésticos, llenar la mitad de mi clóset con su ropa.
Conforme se lleva tiempo viviendo sola se aprenden ciertos trucos: cómo evitar las plagas, quitar el cochambre de la estufa y el sarro del baño, la mejor hora para tender la ropa, y otras formas de mantener la casa en un precario equilibrio de orden y limpieza. Mi sensación al principio era que mi hermano no conocía esas reglas y yo no quería explicarlas: sentía que eso implicaba hacerme cargo de él.
Cada tanto me descubro haciéndome cargo de la gente, sobre todo de mis parejas. Un cuidado que raya en la asfixia y que deja tan harta a la otra persona como a mí. Con el tiempo, me di cuenta de que este hábito se relaciona con la necesidad de sentirme apreciada por otros. A la par, desprecio mis propios asuntos: siempre parece más importante resolver la vida de otra persona.


