Tlaxcala. Norma Ocaña de 56 años, en 10 de ellos fue perdiendo la audición progresivamente. Sin embargo, luego de adquirir los audífonos necesarios tuvo que reaprender lo que durante mucho tiempo la mantuvo aislada.
En un primer momento, Norma se resistía a creer que estaba perdiendo la audición. Pero dentro de sí, sabía que era posible ya que su madre había pasado por lo mismo aunque no lo comprendió de inmediato.
Cambios en su área de trabajo
Norma Ocaña, originaria de Michoacán, pero residente de Tlaxcala desde hace muchos años no tomó en serio la pérdida de su audición, pues tenía la esperanza de que fuera pasajero.
Mientras tanto, creía que todas las personas hablaban bajito. Le costó aceptarlo porque no quería sentirse «chiquita» o menos.
«No me atreví a decir ‘no escucho'».
La pena de entender cada vez menos las conversaciones, iba en aumento. Así como el llegar a escuchar frases como «el sordo no oye pero bien que compone»; aunado a que lo que ya conocía sobre la tecnología, lo fue perdiendo.
Y en lugar de comunicarlo, se fue aislando. El miedo de llegar al trabajo, era una constante. Al formar parte del personal de base del Congreso del Estado en donde lleva 28 años trabajando, la pusieron a disposición. Por lo que fue cambiando de áreas numerosas veces.
La depresión llegó a su vida a la par que perdía el sentido del oído, llegó a asumir que se trataba de un problema más psicológico hasta llegar a bloquearse cuando tenía que convivir con demasiadas personas.
Sus habilidades sociales fueron debilitándose. Aprendió a leer los labios pero el cubrebocas fue un golpe bajo para Norma.
Llegó un punto en el que ya no se sentía cómoda en un escritorio o frente a una computadora, atendiendo personas o interactuando con las mismas en un espacio muy cerrado.
Después de ser una mujer activa y sociable, se volvió callada. Su refugio fue la lectura, la fe y el ejercicio. Sin embargo, llegó a sentirse inútil, mezclaba cosas, se volvió distraída, se le empezaron a olvidar las cosas.
El aislamiento de Norma fue tan grave que ya no podía expresarse, perdía el hilo de las conversaciones, no entendía siempre lo que le decían los demás. Tan es así, que creyó que la única solución era la jubilación.
Diagnóstico, revisión y giro de vida
En 2019 en revisión, el diagnóstico de la doctora fue que el problema de audición de Norma era irreversible. No obstante, sugirió una segunda revisión 6 meses después.
En el ínter, a su compañero de vida le detectaron cáncer por lo que su problema de audición pasó a segundo término. Y durante el tiempo que duró la pandemia, trataron el padecimiento de su esposo.
Regresando a la nueva normalidad, estuvo en recepción donde la mayoría de las personas llegaban gritando o hablando muy fuerte. Comenzó a escuchar más y ahí permaneció durante un año.
Envalentonada con la esperanza de un reinicio en su vida, acudió de nuevo a revisión y la doctora le advirtió que su cerebro se bloqueó junto con sus nervios. Lo cual fue el motivo por el que desaprendió demasiadas cosas de su vida cotidiana, incluyendo la comunicación.
Y así, llegó el momento que le daría un giro a su vida en un nuevo rumbo lleno de esperanza y cosas nuevas. Los aparatos auditivos los adquirió de acuerdo a sus necesidades.
«Ahora nuevamente es la adaptación a la sociedad», Norma Ocaña.
En un principio luego de colocarlos en sus oídos, escuchaba demasiado ruido y creyó que no serviría de nada haber gastado 25 mil pesos en cada uno de ellos. Pero gracias a la programación, la tecnología y las propias capacidades de Norma logró adaptarse en un mes.
El primer día sintió como si se encontrara envuelta por los ruidos de la CDMX, pero pasó de no escuchar los pasos de las personas o el sonido de la llave de la regadera, a escuchar el viento, las aves, los pasitos de su perrito.
Por supuesto, este cambio en su vida influyó en su ámbito laboral de manera positiva.
«Yo misma les decía: «ya escucho»».
Falta de empatía y respeto
En el camino del antes y el después, Norma se encontró en situación de todo tipo. Desde comentarios discriminatorios por su discapacidad auditiva, hasta muestras de empatía y apoyo por parte de otros compañeros de trabajo.
Las palabras duelen, no en solitario sino por la forma en la que son expresadas. La deshumanización de la sociedad sigue demostrando la falta de perspectiva de derechos humanos para reconocer a las personas con discapacidad -sea cual fuere- en distintos contextos sociales, sobre todo los espacios de trabajo.
Como recomendación, Norma sugiere que si en tu espacio de trabajo hay alguna compañera, compañero que tiene un tema de salud o discapacidad, le tengas empatía.
Así como la iniciativa de ayudarla/lo/le a aprender o brindarles actividades donde esa persona se sienta útil y productiva.
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