Tlaxcala, Tlax. Si te has preguntado de dónde son las personas que venden las banderitas y artículos del 15 de septiembre, en las esquinas de las calles de Apizaco, aquí tenemos la respuesta. María Vázquez Valerio, quien se dedica al comercio de productos patrios, nos comentó más al respecto.
Los comerciantes son oriundos en su mayoría de Santa Ana Jilotzingo, del Estado de México, un poco antes de llegar a Toluca.
En su pueblo se dedican desde hace ya muchos años a la venta de artículos patrióticos, que van desde aretes, banderas, vestiditos, moños para el cabello, silbatos, trompetas, entre otros.
Venta patriótica convertida en costumbre
María Vázquez Valerio relata que tanto sus padres como sus abuelos se dedicaron a la venta de estos artículos durante septiembre.

“Desde que yo era niña, venían mis papás”, comentó la señora María respecto a su carrito ubicado en Apizaco.
Arribando septiembre, la familia de la señora María y ella, vienen a rentar a Apizaco. De ahí, su jornada comienza desde la 6 de la mañana para tener todo listo entre las 9 y las 10 a.m., y cautivar con colores y creatividad a más de uno.
La venta fue primero desde las rancherías cercanas, después poco a poco el comercio fue saliendo a la Ciudad de México, al zócalo.
Y luego, vendría la expansión a lo largo y ancho del país. Sí, desde Santa Ana Jilotzingo salen todos esos carritos a Colima, Sonora, Puerto Vallarta, Cozumel, Cancún, Tijuana, Baja California, Zacatecas, Sinaloa, Ciudad de México y por supuesto, Tlaxcala.
Y si no sabes dónde queda Jilotzingo, te dejamos aquí su ubicación.
Así, cada que se da el carpetazo para empezar el mes patrio, la gente de Santa Ana Jilotzingo se prepara desde el 30, 31 de agosto, 1 y 2 de septiembre para una caravana de carritos de banderas, con gorros, trompetas. Lo anterior para darle la “bienvenida” al famosísimo 15 de septiembre.
Productos hechos a mano
La señora María, comentó que ellos suelen armar sus banderas, los moñitos, los aretes, los vestiditos. Estos últimos tres con la ayuda y orientación de talleres especializados en ello. Una producción que desde el primer mes del año inicia, para tener todo listo en septiembre.

Y aunque ahora mucha gente dejó de distribuir su material a los vendedores, ha sido complejo volver a levantarse.
“A veces se gana, a veces se pierde […] a veces no hay tantas ventas como uno quisiera”, destacó.
Así mismo, debido a la baja economía de muchas familias mexicanas y en este caso, tlaxcaltecas, el comercio de las banderitas ha tratado de bajar sus costos lo más posible.
Sin embargo, este sector también se encuentra vulnerado por los altos precios de las materias primas para sus productos, como la madera. Y aunque los comerciantes han tratado de mantener los precios por la baja, a veces no es posible.

Comercio poco apreciado
En ocasiones, hay peatones o ciudadanos que se molestan por encontrar los carritos de banderitas en las esquinas, de acuerdo con María Vázquez. No obstante, considera que es necesario que puedan apreciar su trabajo como ella lo hace.
“Yo lo trabajo porque para mí representa mi patria, mis raíces, mi gente, mi cultura”, añadió.
Es decir, para quien vende es más que un trabajo, la venta se ha convertido en una tradición.
Una tradición que incluye transmitir el orgullo de ser mexicanos (pese a todo lo malo que sucede en tierras mexas), de haber nacido y vivir aquí. Orgullo de tener raíces mexicanas.

¿Tenías idea de dónde eran los comerciantes? ¿Qué te ha parecido su trabajo vuelto tradición? ¿Te animas a comprar alguno de sus productos?
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