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La irresponsabilidad de las autoridades ante la violencia hacia las mujeres

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Foto: France 24

Tlaxcala. En la vida cotidiana se desarrollan una serie de actos ciudadanos y de instituciones gubernamentales que hacen posible la reproducción y normalización de las violencias, lo cual fortalece las raíces de la existencia de mujeres violadas, asesinadas y explotadas sexualmente.

Rita Laura Segato nos dice que los “… crímenes contras las mujeres en los Estados modernos están caracterizadas por tener una crueldad y violencia exacerbada, es decir, no es sólo el asesinato, sino la tortura, mutilación, golpes, violación que acompañan al feminicidio”. La indolencia social ante los diversos hechos de violencia que viven las mujeres, nos muestra que no se ha alcanzado a ver todo lo que padecen las víctimas cada día al lado de sus violentadores, y que estos hechos son sistemáticos en la vida de muchas mujeres que no encuentran las condiciones necearías para denunciar y acceder a la justicia.

Las instituciones gubernamentales han operado de tal forma que los casos de violencia, acoso sexual, violación, feminicidio y trata de mujeres son vistos como una situación menor, es decir, que la sociedad y los gobiernos tienen que preocuparse poco. De enero a abril del presente año, de acuerdo con datos publicados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en el documento “información sobre violencia contra las mujeres”, nos muestran que hay cero carpetas de investigación de trata de mujeres y niñas, eso es contradictorio, al ver que en vía corta de Santa Ana a Puebla están varias mujeres y niñas prostituidas, o que solo 8 carpetas de investigación de violaciones existen en Tlaxcala, cuando en medios de comunicación se publican más casos. La existencia de mujeres violadas, prostituidas y asesinadas, más allá de los datos, son una muestra de cómo el sistema patriarcal sigue influyendo en la vida de nuestras comunidades y las instituciones gubernamentales.

Mucha ha sido la lucha para que se comenzará a cuestionar lo que pasa dentro de un hogar, desafortunadamente no ha sido suficiente, los gobiernos y la ciudadanía siguen negando y justificando las violencias que viven mujeres y niñas en ese espacio. De acuerdo con la Red Nacional de Refugios (RNR), se estima que, durante los 2 últimos meses del año, una mujer acudió en busca de refugio cada hora y que el 75% de las parejas de las mujeres son sus agresores.

Es indignante escuchar las violencia que han vivido mujeres y niñas por parte de hombres cercanos y no cercanos a ellas,  es indignante que las autoridades municipales, estatales y federales sean los perpetradores de violencia hacia ellas, es frustrante cuando las autoridades se han convertido en ejecutores de mandatos institucionales lentos y sin perspectiva de derechos humanos y género, que no garantizan la protección y acceso a la justicia  para las víctimas y sus familias, que al contrario, siguen sosteniendo y reproduciendo la “hermandad” masculina violenta.

Eliminar estás manifestaciones del patriarcado no será una tarea fácil, pues cada vez más el sistema patriarcal encuentra formas sutiles, pero constantes y poderosas de anular la indignación, la reflexión, la solidaridad, la organización comunitaria y la búsqueda de un bien común y, por tanto, de que las mujeres vivamos libres de violencia. Es necesario que como ciudadanía continuemos exigiendo que las instituciones gubernamentales asuman su responsabilidad en la sanción de los perpetradores de la violencia hacia las mujeres como un acto que anuncie a la sociedad que la violencia hacia las mujeres es inaceptable. Por su parte, las instituciones gubernamentales tienen que implementar acciones que lleven a procesos donde se deje de ver como normal y costumbre la violencia hacia las mujeres, es decir, se tiene que nombrar, señalar y sancionar socialmente la violencia hacia las mujeres. Para ello, necesitamos que ninguna de las autoridades tenga antecedentes o ejerza violencia hacia las mujeres y niñas, y que las autoridades más cercanas, como son los ayuntamientos, emprendan programas de prevención de la violencia hacia las mujeres y la construcción de masculinidades no violentas. Desafortunadamente esto no se va a lograr por mandato, como ciudadanía nos va tocar proponer, vigilar que se implementen y exigir, y si es necesario, denunciar.

Marisol Flores Garcia

Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C.


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