En el marco del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, desde el Movimiento de Personas con Discapacidad en Tlaxcala, planteamos cuatro historias de tlaxcaltecas que viven con una discapacidad, y de quienes nos parece pertinente que la sociedad conozca. Ésta es la cuarta.
Madre cuidadora, activista, y luchadora por las personas con discapacidad, ella es Martha.
Huamantla, Tlaxcala. Martha, una madre cuidadora que ha dedicado casi 28 años de su vida a su hijo, Fernando, quien enfrenta desafíos únicos desde su nacimiento. Ella alberga una historia de resiliencia, de amor y perseverancia.
Con una sonrisa serena y un brillo en los ojos que revela la fortaleza que ha cultivado a lo largo de los años. La conversación comienza con la pregunta inevitable: ¿Cómo comenzó todo?
«Al principio son sentimientos encontrados», comparte Martha. «Yo deseaba un hijo varón, pero cuando nació Fernando, todo cambió al 100%. Te olvidas del glamour y te sumerges en la realidad de una maternidad que demanda todo de ti».
Fernando, ahora con 27 años, fue diagnosticado con hidranencefalia, una condición que implica un 95% de líquido en el cerebro. La madre nos explica con detalle, revelando el dolor y la incertidumbre que acompañaron el diagnóstico. «Al absorber el líquido, su cerebro quedó disperso, sin una zona específica con masa encefálica suficiente. Era una realidad que debíamos abrazar».
Los desafíos como madre cuidadora

Los desafíos comenzaron prácticamente al nacer. «A la media hora de su nacimiento, empezó a tener problemas de respiración», relata Martha. «Los doctores nos explicaron que el líquido se había dirigido al estómago y a todos los órganos, incluido el cerebro. Era un camino difícil». Así Martha comenzó su vida como madre cuidadora, una realidad que ahora no cambiaría por nada.
Fernando, nacido en un parto gemelar junto con su hermana Mayra, presentaba problemas respiratorios y una masa encefálica dispersa. Su madre enfrentó momentos de angustia y desesperación, pero la fortaleza y el apoyo de la familia fueron pilares fundamentales.
Con el tiempo, Fernando experimentó convulsiones y momentos críticos que mantuvieron a su madre en alerta constante. «Hubo momentos en que pensé que lo perdería», admite Martha.
Una ocasión Fernando dejó de respirar debido al reflujo, una situación que su esposo pudo manejar gracias a su presencia. «Hubo momentos difíciles», dice Martha. «Pero cada desafío nos fortaleció como familia. Aprendimos a vivir el presente y a celebrar cada día».
La maternidad se transformó en un acto de amor incondicional y resiliencia. «Tu mundo cambia», reflexiona. «Te enfocas tanto en la situación que te olvidas del exterior. Pero también aprendes a encontrar alegría en los pequeños logros y a abrazar la realidad».
A pesar de los obstáculos, ha encontrado formas creativas de brindar apoyo a su hijo. Desde sesiones de equinoterapia hasta explorar alternativas para su desarrollo, ha dedicado su vida a garantizar el bienestar de Fernando.
Martha comparte cómo la resiliencia se ha convertido en el motor de su familia. «Nuestro camino ha sido difícil, pero hemos aprendido a encontrar luz en la oscuridad. Aprendimos a amar la realidad que tenemos y a disfrutar cada momento juntos».
La historia de María y Fernando es un recordatorio de que, incluso en las circunstancias más desafiantes, el amor y la resiliencia pueden abrir caminos hacia la felicidad.
De madre cuidadora a activista

La equinoterapia cambió la vida de Martha,de Fernando y de todo su entorno. Fue así como además de ser madre cuidadora, es defensora apasionada de esta terapia alternativa, y también activista por los derechos de las personas con discapacidad.
La historia comienza con un gesto amable de un amigo de la familia que, al ser charro, sugirió llevar a pasear a Fer en un caballo. Lo que inició como una simple distracción se convirtió en una experiencia transformadora. Comenzaron a notar mejoras en su movilidad y capacidad para comunicarse.
La curiosidad sobre la equinoterapia creció, llevándola a investigar y finalmente a participar en un curso sobre esta terapia en México. Con el conocimiento adquirido, decidió iniciar sesiones de equinoterapia con su hijo y otros niños con discapacidades severas.
Los resultados fueron sorprendentes: un niño con Síndrome Down severo al que se le dijo que no caminaría ni hablaría, hoy corre y habla. Otro pequeño con parálisis motriz y neuronal experimentó mejoras significativas en solo seis meses.
Impresionada por los resultados y motivada por el deseo de ayudar a más personas, para ir más alla de ser madre cuidadora, junto con su hija Mayra, decidieron fundar una Asociación Civil dedicada a la equinoterapia. A pesar de los desafíos financieros, mantuvieron su compromiso y actualmente trabajan con un caballo, proporcionando terapia a niños con diversas discapacidades.
La equinoterapia, explicada como una terapia tridimensional que aprovecha el movimiento del caballo, ha demostrado ser efectiva en la habilitación y rehabilitación de personas con discapacidades motoras. Además de los beneficios físicos, la terapia también tiene impactos positivos en la salud mental, incluyendo la reducción de la depresión.
Martha, busca inspirar a otros a considerar esta alternativa natural y efectiva para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad. Aunque ha buscado apoyos en entidades gubernamentales, se le han sido negados, pero esto no ha representado un impedimento para que junto a sus hijos hagan de Tlaxcala un lugar con esperanzas para las personas con discapacidad.
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