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Tlaxcala cumple 7 de 20 criterios para la protección de periodistas y defensores: Espacio OSC

Tlaxcala, Tlax.- Tlaxcala cumple con siete de los 20 criterios de buenas prácticas para la protección de periodistas y personas defensoras de derechos humanos, mientras que cuatro registran un cumplimiento parcial y nueve son considerados incorrectos, de acuerdo con la evaluación más reciente de Proteger la dignidad, plataforma desarrollada por Espacio OSC.

Desde 2022, la entidad cuenta con una Oficina Local para garantizar los derechos de periodistas y personas defensoras, creada mediante un acuerdo administrativo y adscrita a la Secretaría de Gobierno.

No obstante, la evaluación evidencia rezagos en Tlaxcala frente a entidades como Ciudad de México, Morelos, Estado de México y Michoacán, que registran las mejores calificaciones, con diferencias de entre 35 y 55 puntos porcentuales. Somos una de las 17 entidades no cuentan con una Ley Estatal en la Materia. 

Proteger la dignidad es una plataforma que concentra información accesible sobre las obligaciones del Estado mexicano en materia de derechos humanos, con base en los marcos jurídicos nacionales e internacionales.

La evaluación considera al menos 20 criterios relacionados con buenas prácticas y obligaciones estatales para respetar, proteger e investigar, además de impulsar políticas públicas que permitan el ejercicio pleno de los derechos de periodistas y personas defensoras.

Las obligaciones que el Estado debe cumplir para proteger a periodistas y defensores

El Estado mexicano tiene tres deberes fundamentales para garantizar los derechos de periodistas y personas defensoras de derechos humanos: respetar, sin obstaculizar su labor; proteger, mediante la prevención de riesgos y la garantía de su seguridad frente a amenazas y agresiones; e investigar y sancionar las violaciones cometidas en su contra. Estas obligaciones también requieren políticas públicas que permitan el ejercicio pleno de sus derechos.

De acuerdo con Proteger la dignidad, estas acciones deben incorporar enfoques de género e interseccionalidad, así como la participación activa de las personas beneficiarias en las medidas de protección. Entre los instrumentos internacionales que respaldan estas obligaciones se encuentran la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la CEDAW, la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Declaración de la ONU sobre los Defensores de Derechos Humanos, la Convención de Belém do Pará y el Acuerdo de Escazú.

En el ámbito nacional, estos derechos están reconocidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, vigente desde 2012, que establece mecanismos específicos de protección.

Sin embargo, la persistencia de ataques, amenazas, campañas de desprestigio y criminalización evidencia los desafíos para convertir estos compromisos en garantías efectivas. La protección, por tanto, no se limita a responder después de una agresión: también requiere prevención, políticas públicas y condiciones institucionales que permitan ejercer el periodismo y defender los derechos humanos de manera segura.

Tlaxcala cumple 45% de los criterios de protección y deja nueve pendientes

El panorama nacional muestra una protección desigual para periodistas y personas defensoras de derechos humanos. De acuerdo con los datos registrados por la plataforma, 15 estados cuentan con una ley estatal en la materia, cinco operan mediante decretos o acuerdos del Poder Ejecutivo y 12 carecen de un marco normativo estatal específico.

En este escenario, Ciudad de México encabeza la evaluación con 100% de cumplimiento, seguida del Estado de México, con 92.5%, y Morelos, con 85%. Mientras que, Tlaxcala alcanza 45%, equivalente a siete de los 20 criterios evaluados, y ocupa el lugar 18 a nivel nacional. La entidad registra, además, cuatro criterios con cumplimiento parcial y nueve incumplidos.

Además, la entidad no cuenta con una ley estatal de protección. Su mecanismo se sustenta en un decreto de 2022, en el cual se creó la Oficina Local de Coordinación y Enlace, adscrita a la Secretaría de Gobierno. 

Los mayores rezagos aparecen en la estructura y supervisión del mecanismo. La entidad no contempla un Consejo Consultivo con participación de periodistas y personas defensoras con voz y voto, ni una Junta de Gobierno o un Consejo de Medidas interinstitucional. Tampoco establece sistemas de alertas tempranas, planes de contingencia o mesas de trabajo multisectoriales.

A ello se suma la ausencia de disposiciones sobre perspectiva de género y enfoques diferenciados obligatorios, protección colectiva, un fondo financiero propio para medidas urgentes, informes públicos periódicos y mecanismos claros para acceder a información sobre los expedientes de riesgo.

El contraste con otras entidades evidencia la amplitud de la brecha, mientras Ciudad de México registra 100% y Estado de México 92.5%, Puebla alcanza apenas 22.5% y al menos 12 estados registran 0%, de acuerdo con los datos de la plataforma.

Aunque el mecanismo estatal cumple siete criterios para la protección de periodistas y defensores, mantiene pendientes 

La información presentada por Espacio OSC muestra que, pese a la emisión de decretos administrativos y a la existencia de leyes para la defensa de los derechos humanos de periodistas y personas defensoras, una parte importante de las entidades del país todavía carece de un marco normativo específico. Tlaxcala no es un caso aislado: Baja California, Tamaulipas, Chihuahua, Aguascalientes y Coahuila también se encuentran entre las entidades con los resultados más bajos, al registrar 10 criterios cumplidos o menos.

A la vez, Tlaxcala, Guerrero y Puebla se encuentran entre los estados que, pese a contar con algún instrumento normativo en la materia, presentan las calificaciones más bajas. El contraste evidencia que la existencia de una ley, decreto o mecanismo institucional no garantiza por sí misma la protección efectiva.

La asignatura pendiente, entonces, no se limita a crear normas, sino a convertirlas en mecanismos reales, concretos y funcionales, con acciones capaces de prevenir riesgos, proteger e investigar las agresiones contra quienes defienden derechos humanos y quienes, desde el ejercicio periodístico, comunican día con día la realidad de sus comunidades.


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Tlaxcala, Tlax.- Ocho sabias y sabios Yumhu de San Juan Ixtenco fueron reconocidos durante la inauguración del XXVIII Coloquio Internacional sobre Otopames, con sede en la Universidad Intercultural de Tlaxcala (UIT), en homenaje a quienes preservan la memoria, lengua y cultura de esta comunidad indígena.

El reconocimiento fue entregado a María Ignacia Esperanza Yonca Gaspar, Guadalupe Ventura Solís, Agustín Ranchero Márquez, José Francisco Manuel Celestino Mexicano Verdad, José Isabel Andrés Ocotlán Huerta Ortega, José Mateo Lino Cajero Velázquez y Serafín Alonso Gaspar, por autoridades educativas, culturales, municipales y académicas durante la ceremonia que marcó el inicio de los trabajos del coloquio.

El encuentro reúne a integrantes de comunidades y especialistas para compartir saberes sobre historia, lenguas originarias y autonomías indígenas, en el marco del Día de la Resistencia Indígena por la memoria y la justicia. En este contexto, las fotografías que muestran a las y los homenajeados forman parte del trabajo documental realizado por Escenario Tlaxcala, medio que en 2025 documentó, a través del fotorreportaje “Yuhmu”, la situación de la lengua otomí en San Juan Ixtenco.

El trabajo abordó la pérdida del relevo generacional del yuhmu, lengua que cuenta con menos de 300 hablantes en la comunidad, así como las historias de quienes han contribuido a mantenerla viva. Entre ellas se encuentra la transmisión del idioma a través de abuelos y padrinos, frente a una discriminación histórica que llevó a algunas familias a privilegiar el español para evitar que sus hijos enfrentaran obstáculos en la escuela y la vida pública.


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Viable ambientalmente, pero costoso: así justificó SMA el freno al Polo de Desarrollo de Economía Circular

Tlaxcala, Tlax.- Tras darse a conocer la decisión del Gobierno de Tlaxcala de no continuar con el Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (PODECIBI) en San Pedro Ecatepec, municipio de Atlangatepec, el secretario de Medio Ambiente, Pedro Aquino Alvarado, confirmó que el sitio de disposición final de residuos continuará operando mientras no exista una alternativa que permita sustituirlo.

La decisión de frenar el proyecto modifica la estrategia que el Gobierno estatal había planteado para avanzar hacia un nuevo modelo de manejo y aprovechamiento de residuos en Tlaxcala. Entre las acciones contempladas estaba el cierre del actual sitio de disposición final de Atlangatepec, algo que ahora tendrá que esperar.

Durante los Diálogos Circulares, Aquino explicó que el PODECIBI no se instalará en el predio originalmente previsto debido a las condiciones técnicas encontradas en el terreno, aunque aclaró que el sitio sí es ambientalmente viable.

La determinación, dijo, se tomó a partir de tres estudios: la caracterización geofísica del suelo, la topografía y la hidráulica del predio.

Los resultados no determinaron una inviabilidad ambiental, pero sí condiciones que complicarían la construcción de la infraestructura necesaria para el proyecto y elevarían sus costos.

El PODECIBI estaba planteado como un parque con ecotecnologías, entre ellas captación de agua de lluvia, recirculación y cero explotación de pozos. Mantener estas características en San Pedro Ecatepec implicaría mayores inversiones para las empresas interesadas.

Incluso, algunas obras podrían incrementar sus costos hasta en 40 por ciento, según explicó el secretario.

“Por eso digo, no es inviabilidad, el lugar es viable pero no es conveniente económicamente realizar ahí el polo”, puntualizó.

Sin otro municipio definido

La decisión tampoco implica que el PODECIBI será trasladado de inmediato a otro punto de Tlaxcala.

El secretario señaló que se han revisado otros sitios que podrían ser técnicamente viables, pero hasta este viernes no existe un municipio seleccionado ni un proyecto formal para trasladar el Polo.

La Secretaría de Medio Ambiente informará a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) sobre los resultados de los estudios y la determinación de no continuar con el proyecto en el predio originalmente contemplado.

Los recursos que estaban previstos para el PODECIBI serán destinados a otras prioridades del Gobierno estatal, de acuerdo con lo informado por la dependencia.

El sitio de disposición final seguirá operando

Uno de los efectos inmediatos de la decisión será la continuidad del actual sitio de disposición final de residuos de Atlangatepec.

El Gobierno estatal había previsto que el PODECIBI permitiera avanzar hacia un nuevo modelo de aprovechamiento de residuos y, como parte de esa transición, cerrar el sitio actual. Sin embargo, el relleno continuará operando hasta que exista una alternativa que permita sustituir sus funciones.

Aquino señaló que el sitio recibe un volumen de residuos para el que no fue diseñado y que eventualmente podría llegar al límite de su capacidad.

Ante este escenario, la Secretaría de Medio Ambiente convocará a los ayuntamientos para analizar alternativas de infraestructura y financiamiento.

La gestión integral de los residuos sólidos urbanos corresponde legalmente a los municipios, por lo que serán los gobiernos municipales quienes continuarán haciéndose cargo del manejo de sus residuos, en coordinación y con acompañamiento técnico y tecnológico del Gobierno estatal.

Por ahora, el sitio de Atlangatepec continuará recibiendo los residuos mientras se define una alternativa que permita sustituirlo.

Las distintas explicaciones sobre el proyecto

La explicación técnica presentada este viernes por la Secretaría de Medio Ambiente ocurre un día después de que la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros se pronunciara sobre la cancelación del PODECIBI.

La gobernadora señaló que el rechazo al proyecto estaba relacionado con intereses privados dentro de la comunidad y con información que, desde su perspectiva, había generado oposición al Polo. También indicó que los recursos previstos para el proyecto podrían ahorrarse y destinarse a otras acciones.

Esta postura se suma a las declaraciones del coordinador de Comunicación Social, Antonio Martínez Velázquez, quien ha señalado una campaña de desinformación y manipulación alrededor del proyecto.

En contraste, la explicación ofrecida este viernes por Pedro Aquino se centró en los resultados de los estudios técnicos: las condiciones geofísicas, topográficas e hidráulicas del predio y el incremento de costos que implicaría desarrollar el proyecto bajo el diseño original.

El secretario insistió en que el terreno es ambientalmente viable, pero económicamente inconveniente para construir ahí el PODECIBI.

Con el proyecto descartado en San Pedro Ecatepec, el Gobierno estatal deberá definir si la estrategia de economía circular se retoma posteriormente en otro sitio. Mientras tanto, el manejo de los residuos continuará bajo responsabilidad de los municipios, con coordinación de la Secretaría de Medio Ambiente, y el sitio de disposición final de Atlangatepec permanecerá en operación hasta contar con una alternativa.


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¿Cómo defender tu comunidad frente a un megaproyecto? La ruta del INPI

Tlaxcala, Tlax.- Ocho de las nueve comunidades que integran Totolac ya forman parte del Catálogo Nacional de Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), un reconocimiento que ha fortalecido su organización comunitaria y abierto nuevas herramientas para la defensa de su territorio.

Integrantes del colectivo “Movimiento Solidario Tlaxcalteca”, quienes acompañaron a las comunidades durante este proceso, consideran que el autorreconocimiento indígena puede convertirse en una herramienta para fortalecer la organización comunitaria, defender los recursos naturales y cuestionar proyectos que no benefician a sus habitantes.

Señalaron que la defensa del agua, los bosques y el territorio implica también cuestionar un modelo de desarrollo que, desde su perspectiva, prioriza las ganancias por encima de la vida y el equilibrio ecológico.

Para el colectivo, el reconocimiento ante el INPI contribuye a preservar la historia y la identidad de las comunidades nahuas, pero también permite fortalecer sus capacidades colectivas para participar en las decisiones relacionadas con su propio desarrollo y construir estrategias de defensa territorial. 

El reconocimiento no detiene por sí mismo un megaproyecto, pero puede formar parte de una estrategia más amplia para ejercer derechos colectivos, fortalecer la organización comunitaria y defender el territorio frente a proyectos que puedan afectar a sus habitantes.

Cuatro meses para documentar la identidad comunitaria

Yadira Huerta y Juan Carlos, integrantes del colectivo, compartieron que el proceso de inscripción comenzó a partir del interés por el autorreconocimiento como comunidad originaria. Huerta mencionó que, a diferencia de otros municipios, donde la gestión fue impulsada por los gobiernos locales, en Totolac el trabajo recayó directamente en las comunidades y la sociedad civil.

Durante aproximadamente cuatro meses, los integrantes del colectivo elaboraron los expedientes mediante reuniones vespertinas y sin asesoría externa. El proceso incluyó el llenado de las cédulas del INPI, así como la documentación de la historia local, la delimitación territorial, los usos y costumbres, la gastronomía y la medicina tradicional.

Uno de los principales retos fue sustentar el reconocimiento de comunidades de origen nahua que habían dejado de hablar la lengua, pero conservaban elementos de su identidad, memoria histórica y prácticas culturales. Para ello, el colectivo recurrió a la figura de comunidades equiparables y reunió documentación histórica, entre ella códices, libros digitalizados y referencias bibliográficas.

La integración de los expedientes también requirió la participación de los habitantes mediante asambleas comunitarias, en las que se recabaron firmas y se elaboraron las actas correspondientes. Una vez reunida la documentación, ésta fue entregada al INPI, cuyo personal revisó los componentes históricos, jurídicos y sociales antes de resolver las solicitudes de inscripción.

“Para nosotros era importante que dentro de ese reconocimiento, pues supiéramos que había cultura y a dónde se direcciona esa cultura, porque no es algo que tenemos en un cofre y que está guardado tiempo atrás, sino más bien era replantear y pensar qué íbamos a hacer con eso en un presente […] para construir un futuro”, expresó uno de los integrantes del colectivo.

El proceso enfrentó dificultades en algunas localidades debido a la falta de gestión de sus autoridades, situación que impidió realizar las asambleas dentro del plazo previsto. De acuerdo con el balance compartido por el colectivo, seis de las nueve comunidades lograron completar la gestión durante esa etapa, incluida San Juan Totolac hacia el cierre del periodo. Posteriormente, el número de comunidades incorporadas al catálogo llegó a ocho.

Autodeterminación y organización comunitaria frente a los megaproyectos

Para este movimiento, el reconocimiento como comunidad indígena representa una oportunidad para fortalecer la organización comunitaria y generar alianzas entre pueblos que enfrentan problemáticas similares.

“Más allá de los beneficios y programas que sabemos que se pueden dar, siempre es importante ese diálogo y ese redescubrimiento de por qué sí somos una comunidad indígena […] está ahí presente la memoria histórica, la memoria colectiva”, expresó Juan Carlos, integrante del colectivo.

Por su parte, Huerta señaló que las asambleas realizadas durante el proceso contribuyeron a fortalecer la organización y planteó que el reconocimiento puede facilitar la articulación entre distintas comunidades.

“Primero, saber que no estamos solos […] si bien cada una de las comunidades tiene su autodeterminación, saber que también nos podemos unir, que podemos hacer alianzas para contrarrestar todos estos megaproyectos”, afirmó.

Esta organización cobra relevancia ante proyectos que, desde la perspectiva del colectivo, podrían comprometer los recursos naturales de la región. Entre ellos se encuentra la construcción de un hospital en Tepeticpac, sobre la cual han expresado preocupación por sus posibles efectos en la disponibilidad de agua y la conservación del bosque. Juan Carlos afirmó que el colectivo ha investigado el impacto hídrico del proyecto y estimó que involucraría alrededor de 6 mil millones de litros de agua, además de una posible afectación de dos hectáreas de bosque.

Otras experiencias de defensa territorial se han documentado en comunidades como Tecoltemi, en Ixtacamaxtitlán, Puebla, cuyos habitantes lograron la cancelación definitiva de concesiones mineras; Ayotitlán, en Cuautitlán de García Barragán, Jalisco, que mantiene una disputa frente al proyecto minero Peña Colorada, operado desde 1975 en la región y actualmente vinculado con las empresas transnacionales Ternium y ArcelorMittal; y Wirikuta, en San Luis Potosí, donde en enero de 2024 ejidatarias solicitaron a las autoridades federales un decreto para proteger su zona sagrada de las empresas mineras.

¿Cómo solicitar el registro ante el INPI?

Para incorporarse al Catálogo Nacional de Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas, una comunidad debe manifestar su decisión colectiva de registrarse y presentar documentación que acredite la representación de sus autoridades y el consentimiento comunitario.

El expediente contempla:

  • Solicitud de registro: escrito libre o formato del INPI.
  • Identificación oficial y CURP: de la autoridad o representante.
  • Constancia de elección: que acredite su representación y vigencia.
  • Acta de asamblea: donde conste el reconocimiento como comunidad indígena o afromexicana, el pueblo al que pertenece y su consentimiento para el registro.
  • Cédula Básica de Identificación: instrumento para documentar las características de la comunidad.

El trámite es presencial. Tras revisar la documentación, personal del INPI acompaña a las autoridades o representantes en el llenado de la cédula. También puede aplicarse una Cédula Complementaria, de manera opcional.

¿Qué información debe reunir la comunidad?

La Cédula Básica contiene 49 preguntas sobre siete aspectos: datos generales, territorio, cultura e identidad, organización política, aspectos jurídicos, ámbito social y economía. La Cédula Complementaria suma otras 44 preguntas y es opcional.

La comunidad puede documentar su historia, territorio, autoridades, formas de organización, usos y costumbres, sitios de importancia cultural, recursos naturales y actividades económicas. Para ello puede aportar mapas, croquis y documentos históricos.

La información puede recopilarse mediante entrevistas, grupos focales o asambleas comunitarias, según determine la propia comunidad.

Revisión y registro

Una vez integrada la información, el INPI la revisa y valida antes de capturarla, sistematizarla y publicarla. También incorpora los datos geográficos y asigna un número consecutivo como identificador de la comunidad.

Finalmente, la información se integra al Catálogo Nacional y al Sistema Nacional de Información y Estadística sobre Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas.


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Cancelan el PODECIBI en Atlangatepec, pero no es el fin

Tlaxcala, Tlax.- Esta mañana me levanté con una noticia que me filtraron: la Secretaría de Medio Ambiente canceló la construcción del Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (PODECIBI) en Atlangatepec. Después de tres meses de resistencia, denuncias y exigencias de información ante la falta de transparencia, finalmente llegó la noticia.

Pero ¿qué significa realmente que se haya cancelado? Y, sobre todo, ¿qué hacemos ahora con un problema que sigue ahí: el manejo de los residuos en Tlaxcala?

Antes de responder esas preguntas, primero hay que separar dos cosas que durante estos meses se mezclaron en la discusión pública. Una es el proyecto federal de economía circular, que busca mejorar las condiciones en las que se tratan los residuos urbanos. Otra, muy distinta, es la manera en que el Gobierno de Tlaxcala decidió llevarlo a la comunidad de San Pedro Ecatepec.

San Pedro Ecatepec lleva alrededor de 30 años conviviendo con un basurero a cielo abierto. Para quienes viven ahí, los residuos no son una discusión teórica: los han visto, los han vivido y los han padecido. Por eso, cuando llegó la idea de construir ahí el PODECIBI, para la población, no era una solución al problema.

Razón por la que la comunidad preguntó qué se quería instalar, qué residuos recibiría, qué tecnología utilizaría, quiénes participarían, cuáles serían los impactos, qué estudios existían y por qué ese territorio. Muchas de esas respuestas no llegaron con la claridad y transparencia que una política pública de esta magnitud requería.

Yo también vi el basurero. Vi cómo los lixiviados llegaban a los campos de la comunidad. No necesito que me lo cuenten.

Pero al parecer hubo alguien que no lo vio. Al menos, no de primera mano.

Durante el Diálogo Circular, el vocero del Gobierno de Tlaxcala, Antonio Martínez Velázquez, informó que el PODECIBI ya no se realizaría en Atlangatepec. Explicó que estudios determinaron que el terreno no era viable, además de factores relacionados con los costos y el alcance del proyecto.

Sin embargo, también habló de una “campaña de desinformación” y de “manipulación” porque el PODECIBI había sido entendido como un basurero.

Y tiene razón en algo fundamental: un polo de economía circular no es un basurero. La idea es que los residuos puedan incorporarse a cadenas productivas, ser reciclados, reutilizados y aprovechados.

El problema es que explicar que un PODECIBI «no es un basurero» no responde a las preguntas que durante meses hizo la comunidad y que nunca se les respondieron.

Cuando Martínez Velázquez preguntó: “¿Cómo puedes tener un basurero en el que dices ‘no quiero vivir en un basurero’, cuando en tu jardín tienes basura?”, la comparación me pareció una falta de respeto. El sentido de su explicación colocó a los habitantes en el lugar de quienes no podían reconocer una solución que, según él, estaba frente a sus ojos y que no veían porque habían sido manipulados.

Pero una comunidad que lleva tres décadas conviviendo con un basurero no necesitaba que le explicaran que tenía un problema con la basura. Necesitaba saber qué querían hacer con ella.

Podían entender perfectamente qué es la economía circular y, aun así, cuestionar un proyecto específico en su territorio. Participar en una política pública no significa necesariamente decir que sí.

Martínez Velázquez también dijo que el gobierno cumplió su palabra: si los estudios determinaban que el proyecto no era viable, no se realizaría.

Pero ¿el gobierno verdaderamente cumplió?

Porque si hablamos de cumplimiento también habría que reconocer a una comunidad que durante meses cuestionó el proyecto, exigió información, defendió su territorio y puso límites al ingreso de las autoridades.

¿Hasta cuándo va a admitir el Gobierno de Tlaxcala que se equivocó en las formas de comunicación pública?

La resistencia de San Pedro Ecatepec no apareció de la nada ni puede reducirse a una “campaña de desinformación”. Hubo una comunidad que percibió que una decisión estaba llegando a su territorio sin suficiente información y decidió organizarse para defenderlo.

Y eso también es participación ciudadana.

El PODECIBI, además, no es un proyecto inventado por el Gobierno de Tlaxcala. Es parte de una política federal relacionada con la economía circular y el manejo de residuos. Que se haya cancelado en Atlangatepec no significa que esa política haya desaparecido ni que Tlaxcala esté fuera de la posibilidad de recibir un proyecto de este tipo en el futuro.

Por su ubicación y su perfil industrial y productivo, Tlaxcala podría volver a estar en la conversación. Y ahí empieza la verdadera discusión.

Porque gobernar no es solamente anunciar proyectos. También significa explicar, escuchar, anticipar conflictos, generar confianza y permitir que las comunidades conozcan lo que se pretende hacer en sus territorios antes de que tengan que protestar para obtener información.

Tal vez San Pedro Ecatepec habría rechazado el PODECIBI incluso con toda la información sobre la mesa. Y habría tenido derecho a hacerlo. Pero habría sido un rechazo informado.

Ahora que el proyecto está cancelado, también tendría que existir transparencia sobre esa decisión: ¿qué estudios determinaron que el terreno no era viable?, ¿qué factores ambientales, económicos y técnicos fueron considerados?, ¿qué recursos se habían destinado?, ¿qué ocurrirá con ellos? ¿cómo se atenderán los efectos causados por el basurero a cielo abierto? Y, sobre todo, ¿qué va a hacer el gobierno con el problema de residuos que sigue existiendo?

Sería un error concluir que la lección de Atlangatepec es que los proyectos de economía circular no sirven. Tlaxcala necesita resolver qué hace con sus residuos. Pero necesita hacerlo con información pública, estudios disponibles, especialistas, municipios y comunidades.

El Gobierno de Tlaxcala tiene una segunda oportunidad, pero también varias cuentas pendientes. La cancelación no pone punto final a la discusión: todavía hay preguntas por responder sobre los estudios que determinaron que el terreno no era viable, los recursos que se destinaron, los efectos del basurero a cielo abierto y la manera en que se atenderá este problema.

Y hay una pregunta más que tarde o temprano tendrá que responderse: ¿a qué otro municipio podría llegar el PODECIBI?

Porque el proyecto no desapareció. La política federal de economía circular tampoco. Tlaxcala sigue teniendo las condiciones para que otro municipio sea considerado y, cuando eso ocurra, el gobierno tendrá que demostrar que aprendió algo de Atlangatepec.

Esta vez tendría que haber información desde el principio, estudios públicos, claridad sobre lo que se pretende instalar y una comunidad que pueda decidir con todos los elementos sobre la mesa.

El PODECIBI se canceló en Atlangatepec, pero no es el fin. El problema de los residuos sigue ahí y la discusión también. La verdadera prueba para el Gobierno de Tlaxcala será decidir dónde continuará este proyecto y, sobre todo, si esta vez estará dispuesto a transparentar, explicar y escuchar antes de pedir confianza.

Denuncian obstrucción de la vía pública por trabajos de “embellecimiento” del recinto ferial

Tlaxcala, Tlax.- En la entrada del Recinto Ferial por El Trébol, donde actualmente se están realizando los cambios de la obra para el «embellecimiento» de este espacio, ciudadanos denunciaron la reducción del paso peatonal, situación que, aseguran, dificulta el tránsito de quienes caminan por la zona.

De acuerdo con la denuncia, una lámina colocada junto a la obra habría dejado un espacio aproximado de 60 centímetros para el paso peatonal, mientras que del otro lado existe una franja irregular de tierra que también dificulta la circulación.

La persona denunciante señaló que, cuando dos peatones se encuentran, uno de ellos debe bajar hacia el arroyo vehicular. Además, refirió la presencia de un hoyo de considerable tamaño junto a la banqueta, así como vehículos que ocupan parte del espacio disponible.

Ante estas condiciones, los peatones tendrían que caminar prácticamente sobre la vialidad o sortear los obstáculos colocados en la zona. La situación, señaló la persona, representa una dificultad mayor para quienes utilizan silla de ruedas o tienen alguna limitación para desplazarse.

La Ley de Movilidad y Seguridad Vial del Estado de Tlaxcala establece el derecho a contar con rutas accesibles y libres de obstáculos, así como la prioridad de las personas peatonas en el espacio público. Las condiciones denunciadas podrían contravenir estos principios, particularmente en materia de accesibilidad y libertad de tránsito.

La persona también recordó que en otras obras de infraestructura se han habilitado pasos peatonales provisionales para mantener la circulación durante los trabajos.


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64 niñas de 10 a 14 años fueron madres en Tlaxcala; SEDIF no precisa cuántas activaron la ruta de protección

  • Aunque Tlaxcala cuenta con una ruta interinstitucional para atender embarazos en menores de 15 años, el SEDIF no informó cuántos de los casos registrados en 2025 activaron medidas de protección o cuentan con un plan de restitución de derechos.

Tlaxcala, Tlax.- En 2025, al menos 64 niñas de entre 10 y 14 años fueron madres en Tlaxcala, de acuerdo con registros del Subsistema de Información sobre Nacimientos (SINAC) de la Secretaría de Salud del Estado. Aunque el estado cuenta con una ruta interinstitucional para atender embarazos en menores de 15 años, el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (SEDIF) no precisó cuántos de estos casos activaron una ruta de protección por posible violencia sexual.

El dato fue planteado por Escenario Tlaxcala durante la presentación del Proyecto de Fortalecimiento Institucional para la Atención y Prevención de Delitos Sexuales contra Niñas, Niños y Adolescentes en Tlaxcala y Uruguay, realizada este martes en el patio central de Palacio de Gobierno.

La iniciativa busca fortalecer las capacidades institucionales para prevenir y atender delitos sexuales contra niñas, niños y adolescentes, así como intercambiar experiencias y buenas prácticas entre ambos países. Sin embargo, ante el cuestionamiento sobre qué ocurrió con las niñas menores de 15 años que fueron madres durante 2025, las autoridades no proporcionaron una cifra sobre cuántos casos activaron la Ruta NAME ni cuántos cuentan con un plan de restitución de derechos.

En el encuentro participaron la directora general del SEDIF Tlaxcala, Flor de María López Hinojosa; Carlos Acosta Montoya, director general de Proyectos de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Ciencia y Tecnología; y Martín Clavijo, director ejecutivo de la Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional (AUCI), quienes expusieron los alcances de esta iniciativa de cooperación internacional.

Durante la rueda de prensa, Escenario Tlaxcala cuestionó a las autoridades sobre cuántos de los 64 casos registrados activaron una ruta de protección por posible violencia sexual y qué cambios concretos contempla el proyecto para garantizar que una niña menor de 15 años que llega embarazada a una institución de salud no reciba únicamente atención médica, sino que se investigue el origen del embarazo y se garanticen sus derechos.

SEDIF asegura que existe una ruta, pero no precisa cuántos casos fueron atendidos

Durante el cuestionamiento realizado por Escenario Tlaxcala, Rubén Fernando Hernández Mejía, jefe de la Oficina de Protección y Asistencia Jurídica a Niñas, Niños y Adolescentes del SEDIF, explicó que Tlaxcala cuenta con un esquema interinstitucional para atender estos casos, en el que participan el sector Salud, la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de Tlaxcala, la Fiscalía General de Justicia del Estado y el Poder Judicial.

Hernández Mejía señaló que la entidad implementa desde hace tiempo la Ruta NAME, denominada “Ruta para la atención y protección integral de niñas y adolescentes madres y/o embarazadas menores de 15 años”, la cual contempla la activación inmediata de una alerta cuando se detecta que una niña o adolescente menor de 15 años está embarazada.

El funcionario explicó que la atención debe ser prioritaria e inmediata, particularmente cuando se identifica que el embarazo es resultado de una relación sexual con una persona adulta, debido a que puede configurarse la presunción de un delito y una posible situación de violencia sexual.

“Cuando esta niña menor de 15 años fue embarazada por un adulto, se constituye de manera inmediata esta atención que debemos de tener en todo el sistema de protección”.

De acuerdo con Hernández Mejía, el personal de salud es uno de los primeros actores en identificar estos casos y, una vez detectado el embarazo, debe activar la ruta para garantizar que la menor no reciba únicamente asistencia médica, sino también protección integral.

La ruta contempla además analizar el contexto en el que ocurrió el embarazo para determinar las acciones correspondientes. El funcionario explicó que deben diferenciarse los casos ocurridos entre adolescentes de aquellos en los que está involucrada una persona adulta, con el propósito de evitar procesos de revictimización y, cuando corresponda, atender el hecho como un posible delito.

Hernández Mejía sostuvo que la Ruta NAME “es algo que ya se está logrando” en Tlaxcala y destacó que la Procuraduría de Protección trabaja en protocolos más amplios para que la intervención institucional no se limite a la apertura de una carpeta de investigación.

En este sentido, afirmó que para la Procuraduría de Protección el objetivo es “saber cómo vamos a llevar de la mano” a las infancias y restituirles sus derechos. Agregó que uno de los puntos centrales será establecer un plan de restitución de derechos para cada niña, niño o adolescente cuya integridad haya sido vulnerada, a fin de determinar las medidas necesarias para su protección y atención integral.

No obstante, al ser cuestionado sobre cuántos de los 64 casos registrados en 2025 activaron una ruta de protección por posible violencia sexual, el funcionario no precisó la cifra ni proporcionó mayores detalles al respecto.

Tlaxcala reconoce falta de información homologada para detectar riesgos

El Proyecto de Fortalecimiento Institucional para la Atención y Prevención de Delitos Sexuales contra Niñas, Niños y Adolescentes en el Estado de Tlaxcala y Uruguay se desarrolla mediante una cooperación bilateral entre México y Uruguay, con la participación de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), la Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional (AUCI), la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de Tlaxcala y el Instituto del Niño y Adolescente de Uruguay (INAU).

La iniciativa busca fortalecer las capacidades institucionales para prevenir y atender la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, así como intercambiar experiencias y buenas prácticas entre ambos países.

Por su parte, Flor de María López Hinojosa, titular del SEDIF, destacó que Tlaxcala pasó de contar con tres equipos multidisciplinarios que atendían a una población superior a 300 mil niñas, niños y adolescentes, a un esquema de mayor coordinación con los municipios que actualmente permite alcanzar hasta 11 mil atenciones anuales.

La funcionaria señaló que este incremento en las atenciones no necesariamente representa un aumento de la violencia, sino una mayor capacidad institucional para identificar, atender y prevenir vulneraciones de derechos.

Asimismo, explicó que Tlaxcala ha impulsado reformas para fortalecer las procuradurías municipales y la Subprocuraduría de Protección, además de trabajar en la apertura del Centro de Justicia para Niñas, Niños y Adolescentes.

Sin embargo, reconoció que persiste la falta de un sistema homologado de información que permita identificar riesgos y casos de violencia de manera oportuna.

Esta falta de información contrasta con la necesidad de dar seguimiento individual a niñas menores de 15 años embarazadas, particularmente cuando se trata de posibles casos de violencia sexual.

El proyecto fue seleccionado entre más de 100 propuestas presentadas en la convocatoria de cooperación México-Uruguay, de las cuales únicamente 12 fueron aprobadas. Para su desarrollo contará con un presupuesto de 100 mil pesos, dividido entre México y Uruguay para las actividades de cooperación e intercambio técnico.

Más que presentar nuevos mecanismos de atención, el proyecto plantea fortalecer la coordinación entre instituciones y establecer herramientas para la prevención, detección y atención de casos de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes.


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Michelle Lyssett Calvario González

Malinalli Espacio Común

El Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (2021) menciona que las mujeres son quienes asumen en mayor medida las tareas de crianza y dedican más horas a estas actividades. Esto relacionado con la práctica en Malinalli Espacio Común, identificamos que las madres son, en su mayoría, quienes asumen por completo el cuidado de sus hijos o hijas con discapacidad y neurodivergentes. Esto suele colocarlas en una situación de vulnerabilidad desde el momento del diagnóstico.

Pero ¿hasta qué punto la discapacidad consume a la cuidadora? La mayor parte de su tiempo se diluye entre citas médicas, terapias e intervenciones; en algunos casos, la atención debe ser de 24 horas. Como señala Arellano y Peralta (2015), las madres de personas con discapacidad experimentan sobrecargas de rol que frecuentemente las lleva a postergar o renunciar a sus propios proyectos de vida, salud, autonomía y desarrollo profesional.

Para ellas, una molestia física o una enfermedad propia pasa desapercibida: no hay tiempo ni de enfermarse. Tampoco existe la posibilidad de consolidar un trabajo formal, lo que inevitablemente arrastra consigo la escasez económica. No es humanitario que las cuidadoras vivan en el olvido. Ellas tienen a quién cuidar, pero hace falta que el Estado establezca programas que también cuiden de ellas y una sociedad que sea consciente de lo que representa el trabajo de los cuidados para que se logren compartir las responsabilidades.

Cuando un hijo nace, las madres anhelan vivir una maternidad segura y saludable. Sin embargo, en algunos casos, cuando el diagnóstico es una discapacidad o neurodivergencia (Autismo y TDAH), la expectativa original cambia drásticamente. En ese instante comienza un duelo que representa un impacto emocional profundo. Este duelo es una reacción natural que ayuda a procesar la nueva realidad, pero cada madre lo vive de distinta manera, afectando su salud emocional, física e incluso conductual. Enfrentar este proceso requiere un acompañamiento profesional. Solemos idealizar a estas madres como seres que lo pueden todo «guerreras», “de carácter” «fuertes», «resilientes», pero ¿qué tan cruda es su realidad?

He visto a madres agotadas físicamente, cuyo único deseo es recostarse un solo día sin la angustia de saber que alguien depende por completo de su esfuerzo físico o mental. Están cansadas y desprotegidas porque, muchas veces, no cuentan con una red de apoyo familiar. Muchas somatizan sus emociones: sus lágrimas se convierten en dolores físicos que terminan ignorando porque no hay tiempo para ellas mismas. Es desgarrador ver cómo se desahogan con nosotras, las docentes; notar cómo un simple abrazo les da la fuerza mínima para seguir adelante. En ocasiones nos ha tocado buscar lugares que brinden apoyo psicológico gratuito, solo para enfrentarse a listas de espera de semanas para una cita.

Es desmotivador ver que, en el ámbito de la discapacidad, siempre existen carencias, temas pendientes y poblaciones desatendidas. Quienes trabajamos de cerca con esta realidad valoramos profundamente la lucha de las madres por conseguir una mejor calidad de vida para sus hijos. Sin embargo, más allá del reconocimiento, es necesario señalar la negligencia colectiva e institucional. Como sociedad, hemos normalizado que estas cuidadoras renuncien a gran parte de sus vidas debido a la falta de programas de atención que eviten que la discapacidad se sostenga sobre un reparto desigual de las tareas de cuidado y del tiempo para su propio bienestar.

Es importante que exista iniciativas públicas y comunitarias que aseguren o desarrollen apoyos y/o programas que pasen de supervivencia a ejercer derechos plenos como: servicios de respiro y cuidados temporales para hijos o hijas con discapacidad, servicios comunitarios integrales que desarrollen actividades deportivas o de relajación, redes de acompañamiento a cuidadoras individuales o grupales donde se les ofrezcan apoyos o herramientas para combatir el aislamiento social, apoyos o becas económicas que tomen en cuenta la ausencia laboral de las cuidadoras.

Hay muchísimo trabajo por delante. Esperemos que cada vez exista más empatía hacia las cuidadoras que día con día luchan por mantenerse de pie por las infancias con discapacidad y que por fin se sientan abrazadas y cuidadas. Por qué constantemente hay luchas que valen la pena pelear y entre tantas luchas constantes la población con discapacidad y sus cuidadoras es una de ellas.

Y como menciona la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2022), “El cuidado debe dejar de ser una responsabilidad individual asignada culturalmente a las mujeres para convertirse en una responsabilidad social y un derecho humano garantizado por el Estado”. Que las cuidadoras tengan de igual manera un desarrollo integral y pongan en práctica el derecho de a la autonomía de forma que se desarrollen plenas.

No solo es un tema de ellas sino pasa a ser una situación del Estado y de la sociedad, porque para cuidar una vida y ayudar a sobrellevarla con calidad y plena es primordial vivir antes la de la cuidadora, por que quien brinda los cuidados también necesita que se garantice asumir su salud mental como prioridad y que construya un proyecto de vida propio. Por esto, tener presente que si una cuidadora busca un lugar donde pueda descansar, no significa que este descuidando a la infancia sino está priorizando la vida de ambos.

Referencias bibliográficas:

  • Arellano, A., y Peralta, F. (2015). El enfoque centrado en la familia en el campo de la discapacidad intelectual: ¿Cómo perciben los padres su relación con los profesionales?. Revista de Investigación Educativa, 33(1), 119–132. https://doi.org/10.6018/rie.33.1.198561
  • Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva. (2021). Acciones con perspectiva de género e igualdad en salud: La corresponsabilidad en las tareas de cuidado y crianza. Secretaría de Salud. https://www.gob.mx/salud/cnegsr
  • Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2022). La sociedad del cuidado: Horizonte para una recuperación sostenible con igualdad de género (LC/CRM.15/3). Naciones Unidas. https://www.cepal.org/es/publicaciones/48363-la-sociedad-cuidado-horizonte-recuperacion-sostenible-igualdad-genero

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Ayotzinapa crimen de Estado que permanece en la memoria

El 26 de septiembre de 2014 fueron desaparecidos 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero. Hoy, a casi 12 años de intentar apagar la esperanza, la verdad, el dolor y la rabia con la que se sostienen cientos de vidas, es importante recordar las voces y testimonios de dolor y búsqueda de la justicia que aún se reclama.

Del mismo modo, es necesario señalar que dar paso a la verdad y la justicia es obligación del Estado, con todos los organismos a los que corresponde: Ejército Mexicano, Policía Estatal, Policía Municipal, Ministerio Público, Policías de investigación, entre otros.

Modus operandi de la represión de Estado: caso Ayotzinapa.

Existe cierto modus operandi o bien una manera característica de actuar que se puede identificar en el conjunto de casos de represión por parte del Estado. Aunque también cada hecho tiene sus propias características, según el contexto, en el caso de la represión de Ayotzinapa se reconoce lo siguiente:

  1. Infiltración de personas con objetivos claros de vigilancia y reporte: Información del grupo GIEI reportan que 3 agentes de inteligencia de SEDENA estaban activos en Ayotzinapa y en Tixtla. En algunos documentos se habla abiertamente de “fachada de alumno”. Ninguno de dichos reportes hacía en ningún caso referencia a posibles actividades ligadas al narcotráfico por parte de los estudiantes, sino de control de las actividades reivindicativas, asambleas y otras actividades desarrolladas por el alumnado.
  2. El Estado funge como ejecutor de la desaparición: El rol del Ejército es clave para entender ya que fueron militares los que ordenaron matar a algunos de los jóvenes.
  3. Complicidad del Estado con grupos criminales: En este caso, la participación del Ejército Nacional, el alcalde municipal, policías locales y el grupo criminal “Guerreros Unidos”. Hay que recordar que los grupos criminales no existen fuera del sistema capitalista.
  4. Uso del terror y miedo para control del territorio: El uso del terror es crucial para mantener control y poder, desarticulando la organización o resistencia en las comunidades. Lo que une a los actores mencionados en el punto 3 es el control territorial por las características del territorio y por ser lugar estratégico para mover mercancías.
  5. Violación sistemática de los derechos humanos. Información del GIEI menciona que existen 180 personas a quienes se les violaron sus derechos humanos en tan sólo la madrugada y mañana del día siguiente en que fueron desaparecidos los 43 normalistas.
  6. Creación de distracción o cortina de humo: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) confirmó que la versión del “vertedero” no era cierta, como se consideraba al inicio, y que fue construida para intentar cerrar el caso con manipulación de evidencias.
  7. Fabricación de una “Verdad histórica”: Fabricar culpables y ocultar la responsabilidad del Estado. La versión construida por la extinta Procuraduría General de la República (PGR) ocultó la verdad de los hechos contra los normalistas, se alteraron las escenas del crimen y se escondieron los vínculos.
  8. Difusión a través de los medios de comunicación que se encuentran bajo el control del poder: Una vez fabricada “Una verdad” tiene que ser difundida y busca ser aceptada por la comunidad.
  9. Impunidad y falta de justicia: La constante omisión de obligaciones de Estado refleja una falta de voluntad y protección de los responsables, con ello la justicia a medias no es justicia y ciertamente no satisface a las víctimas ni a sus familiares.
  10. Estigmatización de la lucha: Este es un punto en donde se busca que haya inflexión, provocando desmoralización de aquellos que abanderan la lucha, provocando que las protestas se aminoren, deslegitimar la lucha de manera sistemática y crear un vacío y olvido de lucha.

Las desapariciones de Estado

La educación es un derecho al que todos los ciudadanos mexicanos tenemos, no obstante, ello se dificulta cuando las particularidades contextuales no ofrecen las condiciones suficientes para poder ejercer dicho derecho. El contexto histórico de los pueblos originarios, en la contemporaneidad, logró crear sus propios espacios de lucha y reconocimiento para lograr acceder a los espacios educativos, asimismo, permitió la creación de espacios en donde se les formara a las y los campesinos. Resulta sumamente impactante concebir que hace 12 años, un grupo de estudiantes que buscaron ejercer su derecho a la educación hoy se encuentran desaparecidos.

Tanto en México como en otros países de Latinoamérica (entre ellos Guatemala, Argentina y Chile), la represión por parte de cuerpos militares son comunes, en la historia actual mexicana, la desaparición de los estudiantes se ha convertido en uno de los acontecimientos más dolorosos para los padres y madres buscadoras, colectivos estudiantiles y sociedad civil informada, pero, ¿qué ocurre después de 12 años de laberintos institucionales que sólo esconden, ocultan y borran información cual si sólo de datos se tratara? ¿Qué pasa después de 12 años de impunidad? ¿cómo se vive sin saber que aún no hay justicia? Y sobre todo ¿cómo buscar la justicia con un gobierno coludido con los agresores?

Un gobierno que minimiza las acciones reales de los padres y madres de los 43 desaparecidos, un gobierno que todas las mañanas evita hablar de los más de 130,000 desaparecidos, en el que se han encontrado decenas de miles de restos óseos, fosas clandestinas, restos humanos en cuerpos de agua. ¿Qué es lo que cosecha un país que siembra cuerpos? ¿Qué pasa con los desaparecidos que no han podido regresar a su casa? ¿Dónde están los 43 estudiantes de Ayotzinapa?

El dolor, la rabia e indignación por no encontrar a los 43 desaparecidos no es sólo un sentimiento de cada septiembre, todos los días desde el 26 de Septiembre de 2014 han sido buscados, vociferados, narrados y rememorados como un recordatorio de que las y los desaparecidos, en la aún ausencia, siguen siendo parte de la memoria colectiva, y es importante que se mantengan así, hasta encontrar la justicia, la reparación del daño, hasta que las autoridades decidan dejar de callar, hasta que el Estado decida entregar la información que oculta.

La lucha, la búsqueda de los compañeros y la demanda de la justicia continúa hasta encontrarles, hasta que la dignidad se haga costumbre. Porque vivos se los llevó el gobierno y vivos los seguimos buscando.

Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C.


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Más tlaxcaltecas se reconocen indígenas, pero el reto está en las lenguas originarias

Tlaxcala, Tlax.- Cada vez más personas en Tlaxcala se reconocen como indígenas. Tras la publicación de los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 19.3% de la población tlaxcalteca se autoadscribe como indígena, porcentaje que supera en 0.7 puntos porcentuales el registro nacional de 18.6%.

Los resultados, publicados el pasado 22 de septiembre, muestran un incremento respecto a 2020, cuando 16.5% de la población se reconocía como indígena. Esta mayor autoadscripción permite visibilizar a una población que mantiene una identidad indígena, aun cuando no necesariamente hable una lengua originaria.

Sin embargo, el ejercicio estadístico muestra una realidad distinta cuando se considera el uso de las lenguas indígenas, ya que 2.0% de la población de tres años y más habla alguna lengua indígena, frente al 2.2% registrado en el Censo de Población y Vivienda 2020 y al 2.5% reportado en 2010.

Para Ulises Tamayo, coordinador de la Universidad Intercultural de Tlaxcala, este cambio representa un nuevo escenario para analizar la identidad y autodeterminación indígena en la entidad, debido a que la metodología aplicada en la Encuesta Intercensal 2025 permitió reconocer a una población que anteriormente podía no ser considerada indígena al utilizar el dominio de una lengua como principal criterio de identificación.

No obstante, el incremento en la población que se autoadscribe como indígena ocurre mientras las lenguas originarias enfrentan un proceso de disminución en su uso, además de otros retos que afectan a las comunidades. Entre ellos, el coordinador señaló la gestión del agua y la presión hídrica, la salud pública, el campo y la preservación del patrimonio cultural, factores que han contribuido al abandono progresivo de actividades agrícolas y al debilitamiento de los sistemas culturales comunitarios.

La autoadscripción indígena cayó en 2020; para 2025 el porcentaje vuelve a crecer

Los resultados de los últimos ejercicios estadísticos muestran que la población que se reconoce como indígena ha tenido variaciones importantes en Tlaxcala.

En 2015, de acuerdo con la Encuesta Intercensal, 321 mil 310 personas se consideraban indígenas, equivalentes al 25.2% de la población. Para 2020, esta proporción disminuyó a 16.5%, con 209 mil 908 personas que se reconocieron como indígenas.

Para 2025, el indicador vuelve a incrementarse y alcanza 19.3%, equivalente a alrededor de 273 mil 700 personas.

De esta manera, entre 2015 y 2020 se registró una disminución de 8.7 puntos porcentuales en la población que se consideraba indígena, mientras que entre 2020 y 2025 se observa una recuperación de 2.8 puntos porcentuales.

Para Ulises Tamayo, estos cambios también tienen una lectura en términos de política pública, pues la manera en que las personas se reconocen como indígenas permite visibilizar a una población que mantiene una identidad y cuyas necesidades y derechos deben ser considerados en las acciones del Estado.

El incremento registrado en 2025 permite reconocer también a personas que, aunque ya no hablan una lengua originaria, conservan tradiciones, prácticas culturales, formas de organización y sistemas de gobernabilidad comunitaria.

Aunque el porcentaje de 2025 todavía se encuentra por debajo del registrado en 2015, los resultados muestran nuevamente una presencia importante de población que se reconoce como indígena en Tlaxcala.

Pese a mayor autoadscripción indígena, la población hablante de lenguas originarias disminuye

Pese a que 19.3% de la población tlaxcalteca se reconoce como indígena, el porcentaje de personas que hablan una lengua originaria mantiene una tendencia a la baja. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI, 2.0% de la población de tres años y más habla alguna lengua indígena, frente al 2.2% registrado en el Censo de Población y Vivienda 2020 y al 2.5% reportado en 2010.

En 15 años, la proporción de población hablante de alguna lengua indígena disminuyó 0.5 puntos porcentuales, al pasar de 2.5% en 2010 a 2.0% en 2025. Entre 2020 y 2025, la reducción fue de 0.2 puntos porcentuales.

Ulises Tamayo, coordinador de la Universidad Intercultural de Tlaxcala, explicó que la diferencia entre la población que habla una lengua indígena y aquella que se reconoce como indígena evidencia las limitaciones de utilizar el dominio de una lengua como único criterio para identificar a esta población.

Explicó que existen comunidades donde las lenguas originarias han dejado de hablarse de manera generalizada, pero permanecen “las tradiciones, prácticas culturales, formas de organización y sistemas de gobernabilidad comunitaria”.

Uno de los casos es Ixtenco, donde 72.8% de la población se autoadscribe como indígena, aunque el dominio del yühmu es cada vez más reducido. Mientras los registros oficiales han identificado alrededor de 200 hablantes, el trabajo territorial realizado con integrantes de la comunidad sitúa la cifra entre 30 y 50 personas, de acuerdo con Tamayo.

En Tlaxcala, el náhuatl se mantiene como la lengua originaria con mayor presencia y vitalidad, seguido del totonaco, cuya presencia también está relacionada con corrientes migratorias provenientes de la Sierra Norte de Puebla. En contraste, el yühmu u otomí tlaxcalteca enfrenta una situación crítica y se encuentra en riesgo de desaparición, por lo que requiere acciones específicas para su preservación y revitalización.

Comunidades indígenas avanzan en reconocimiento, pero persisten retos estructurales

Para Ulises Tamayo, las comunidades indígenas atraviesan un proceso de mayor reconocimiento de su identidad y de sus derechos, aunque todavía persisten retos estructurales para que este reconocimiento se traduzca plenamente en políticas públicas, presupuesto y acciones que respondan a sus necesidades.

Explicó que existe una brecha entre la creación formal de derechos e instituciones y la asignación sostenida de recursos necesarios para consolidarlos. A ello se suman los procesos que implica llevar las disposiciones legales a la práctica, pues, sostuvo, “de repente en la operatividad de lo concreto es donde alcanzamos a ver esas tensiones entre la letra y la acción […] hay grandes diferencias”.

La presión de los tiempos institucionales también representa un reto para la planeación y evaluación de las políticas dirigidas a las comunidades.

“Los tiempos institucionales pues siempre te están correteando”, señaló el coordinador, al advertir que esta dinámica puede “debilitar los cambios políticos, debilitar los procesos de planificación y los procesos de evaluación”.

A ello se suma la necesidad de continuar fortaleciendo la información y capacitación sobre los derechos de los pueblos indígenas, tanto entre quienes participan en la atención institucional como dentro de las propias comunidades. Tamayo consideró que todavía existe un proceso de aprendizaje en torno al marco jurídico en la materia. “No necesariamente los funcionarios públicos están tan versados en el tema […] ni en cuanto a experiencia”, afirmó, y agregó que “no todos se sientan a leer el Convenio 169 de la OIT”.

La aplicación de recursos directos para los pueblos originarios representa otro desafío. Aunque se trata de una demanda planteada durante años por las comunidades, su implementación también implica generar acuerdos sobre el destino y administración del presupuesto. “¿Cómo nos ponemos de acuerdo para implementarlo? Eso implica consultar al pueblo y no siempre es sencillo”, expuso.

De acuerdo con Tamayo, entre las principales preocupaciones en materia de salud se encuentran las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y la insuficiencia renal, mientras que en el ámbito productivo existe un abandono progresivo del campo, acompañado por el uso de agroquímicos que algunas comunidades han comenzado a cuestionar por sus efectos y por su impacto en la continuidad de los sistemas culturales propios.

A estos factores se suman dificultades para articular el trabajo colectivo dentro de las propias comunidades. El coordinador consideró que los intereses individuales pueden obstaculizar la construcción de acuerdos y la atención de problemas comunes, pues “muchas veces los egos no nos permiten a nosotros articularnos”, por lo que uno de los principales retos, sostuvo, consiste en “aprender a trabajar en conjunto”.

El proceso, señaló Tamayo, forma parte de una transformación que requiere tiempo: las comunidades indígenas han ganado presencia en las estadísticas, en las instituciones y en la discusión pública, pero todavía es necesario consolidar ese reconocimiento para que se traduzca plenamente en derechos, participación y mejores condiciones para las familias y comunidades.

La educación intercultural busca recuperar lenguas y fortalecer la educación indígena

Frente a este escenario, la Universidad Intercultural de Tlaxcala ha desarrollado distintas líneas de trabajo dirigidas a fortalecer la identidad, las lenguas y los derechos de los pueblos originarios, mediante acciones que buscan mantener un vínculo directo con las comunidades.

Uno de los primeros procesos fue la consulta previa e informada para la creación de la propia universidad, en la que participaron al menos 15 municipios interesados. De acuerdo con el coordinador, el ejercicio se realizó con la participación de organizaciones sociales locales y bajo los estándares establecidos por el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y las declaraciones de Naciones Unidas sobre pueblos originarios.

A partir de este vínculo con las comunidades, la institución también ha colocado la recuperación y enseñanza de las lenguas originarias como uno de sus principales ejes. Todos sus estudiantes cursan obligatoriamente una lengua originaria durante los cuatro años de su carrera, con prioridad en el yühmu, debido al riesgo de desaparición que enfrenta, además del náhuatl. La universidad contempla incorporar posteriormente el totonacú.

Sin embargo, el coordinador señaló que el reto de fortalecer la educación indígena no comienza en la universidad, sino desde los niveles básicos. Históricamente, explicó, la atención educativa dirigida a los pueblos originarios en Tlaxcala se concentró principalmente en educación inicial y primaria, con dificultades incluso para garantizar que los docentes conocieran y hablaran las lenguas de las comunidades donde eran asignados.

Después de la primaria existía un corte en esta trayectoria educativa, debido a la ausencia de secundarias y preparatorias con un enfoque específico para población indígena. En este contexto, recientemente comenzó a operar la primera secundaria indígena en Teolochco, mientras se trabaja en la construcción de una red de planteles de este tipo.

A este proyecto se suma la propuesta para establecer bachilleratos interculturales en la entidad, con la intención de ampliar la cobertura educativa y evitar que la formación con enfoque indígena se interrumpa al concluir la educación básica.

De concretarse esta expansión, junto con la Universidad Intercultural, Tlaxcala avanzaría hacia una trayectoria educativa para los pueblos originarios que abarque desde la educación básica hasta el nivel superior, en un contexto donde la autoadscripción indígena ha ganado presencia, pero las lenguas originarias continúan enfrentando una disminución en el número de hablantes.


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