La empatía es una ola difícil de abordar; en un mundo ensimismado, de activismo digital y opiniones superfluas, hacer tangible la realidad del otro puede llegar a ser bastante complicado, pero cuando de alguna manera te ves involucrado en entornos fracturados, es imposible no transgredir tus adentros. En esta ocasión entrevistamos a una mujer que trabajó durante cuatro años en un prescolar de Tenancingo, queríamos saber qué quieren ser los niños de ese municipio cuando sean grandes, pero en el transcurso nos encontramos con una profesionista que también era tocada en su lado más humano por las circunstancias sociales del lugar, y nos contó que no todo es malo, también hay un lado B.

Primero, al preguntarle por la influencia del entorno social en los niños de Tenancingo desde los primeros años de vida escolar, ella nos contó que es difícil entender el contexto familiar; los diferentes agentes sociales son complicados, por un lado, los niños que ingresan al preescolar son cuidados por el papá o las abuelitas porque la mayoría de las madres trabajan; esto no quiere decir que se prostituyan, sino que en general las mujeres de ahora son muchas veces quienes trabajan y solventan la economía familiar, madres que laboran en municipios cercanos o diferentes estados de la República, e incluso en otros países. Por otro lado, destacó que las abuelitas a veces no saben leer ni escribir, y eso obstaculiza la formación de los niños que en ocasiones llegan sin tareas o no las hacen como es debido, por lo que señala que no hay un interés de la familia por su aprendizaje.

Al hablar de la relación entre docentes y padres o tutores, nuestra entrevistada refirió que es de mucho respeto;  “la verdad que como experiencia personal, siempre, tanto las compañeras como yo, al enfocamos en la relación de docente con el padre de familia, tutor o abuelita, procuramos respetarlos y dedicarnos solamente a lo que es cuestión del desarrollo académico de sus hijos”. Esto nos llevó a preguntarle si existe consciencia de los niños sobre su entorno social, sobre la trata de personas en Tenancingo, a lo que ella acertadamente nos contó que los niños desde pequeños comienzan a conocer su mundo y se les hace normal el contexto en que están inmersos; para ellos es muy cotidiano que su madre no esté, que llegue cada mes o cada dos meses, entonces como están desde pequeños bajo esta dinámica de vida,  se acostumbran y no conocen otra cosa, entonces conforme van creciendo van entrando a diferentes problemáticas sociales.

Es importante mencionar que no todas las mamás de los niños son víctimas o se dedican a la trata de personas, nos contó que tuvo grupos de alrededor de 29 alumnos, de los cuales 15 o 17 de ellas estaban inmersas en ese mundo, pero también hay profesionistas: contadoras, odontólogas, mamás que se dedican al hogar y otras que son trabajadoras domésticas. Hizo énfasis en que nunca tuvo problemas con los papás, ellos respetan a los maestros y a las maestras, siempre y cuando reciban el mismo respeto hacia sus prácticas sociales; “en el tiempo que estuve ahí nadie me faltó al respeto, pero en las primarias, por ejemplo, es más complicado porque los niños ya son más grandes y se suscitan problemas mucho más marcados, por ejemplo, niñas de 5to o 6to año que dejan la escuela por introducirse al mundo de la prostitución”.

Los niños de Tenancingo están sumergidos en ese mundo, refirió que ellos van creciendo con la idea de seguir el patrón del papá o de la persona que está a su cuidado; tíos, padrinos o alguna otra persona cercana; “Justo recuerdo una actividad didáctica que estábamos trabajando con los niños que se llamaba ¿Qué voy a ser de grande?, y hubo tres pequeños que comentaban que querían ser padrotes como su papá y tener una pistolas grande grande como la de ellos, entonces eso es consecuencia o la influencia del contexto, los niños lo ven; están en los antros, en los prostíbulos durante las noches, ahí duermen. Ellos sólo pueden hablar de lo que conocen en su medio inmediato”. Fue aquí cuando hizo mención de algunos casos particulares que transgredieron su parte profesional y la llevaron a sentir impotencia por diversas situaciones que viven algunos niños, recordó y nos contó lo siguiente; “Hubo un caso de una pequeña que se quedaba dormida continuamente, su mamá metía hombres a su casa, por lo que la niña no podía descansar como debía ya que había ruido, gritos, pleitos, fiestas, entonces ella era víctima de esta situación y eso se reflejaba al momento de estar en el salón porque tenía sueño o estaba angustiada por diferentes conflictos, en los que su madre estaba involucrada por la convivencia con diferentes hombres. También recuerdo mucho el caso de otra niña, cuyo papá mató su mamá y luego él se suicidó, es un caso que a mí me ha marcado en lo personal y en lo profesional, igual el de un niño que su mamá, quien era víctima de la trata de personas fue asesinada en un hotel, entonces si hay varios casos muy difíciles de poder entender”.

Tras un breve momento en que su mirada se dirigió taciturna al recuerdo y la reflexión, señaló que es muy difícil como persona sentirse impotente porque no puedes hacer nada; “hasta cierto punto tú haces que durante la jornada escolar el niño esté tranquilo, le das la oportunidad de que disfrute o tenga acceso a cosas que no son posibles dentro de su contexto familiar y social. Hablamos con los papás siempre con mucho respeto, nosotras tenemos que respetar, respetar el modo de vida y las prácticas sociales que tienen en la comunidad, sin embargo, tratamos de decirle con mucho tacto que los apoyen en tareas, que los niños deben descansar. En fin, tratar de ayudar de acuerdo a nuestras posibilidades, siempre con respeto para salvaguardar nuestra integridad como personas y profesionales”.

Nuestra entrevistada, durante su estancia como maestra en Tenancingo tuvo la posibilidad de convivir y platicar con los familiares de los niños, por lo que comentó que para ellos es normal, la trata de personas, es un trabajo como cualquier otro, pues afirman que no le hacen daño a nadie e incluso es un orgullo mencionar que dan trabajo, es decir, ellos facilitan la vida a las personas con necesidades, de alguna manera es el sustento económico de la comunidad y también los locales les sirven como monitores, para poder detectar si hay retenes, policías o militares;  “De alguna manera todos están sumergidos en el negocio y se protegen entre ellos, se van ganando gente. Hay otras personas de la comunidad que a pesar de que son sabedoras de la situación que viven las mujeres o los pequeños, no se meten, que incluso son profesionistas; ellos son respetuosos, no tienen conflictos y son ajenos a toda esta situación”.

Ella refirió que como docente se puede ayudar desde la cercanía que tengas con los niños; “como maestra lo que puedes hacer es apoyarlos; conociendo sus fortalezas, sus debilidades y con base a esto, darles el apoyo para otorgar experiencias que les permita conocer un poco de esa felicidad o tranquilidad que a lo mejor no tienen en el hogar, y aunque la jornada escolar es muy corta procuramos que el niño esté contento y por ser vulnerables -sobre todo a aquellos que sus mamás se dedican a la prostitución- se refuerza la parte afectiva, esa relación estrecha con la maestra y los compañeros, eso es lo que podemos hacer desde nuestra trinchera”. Por otro lado mencionó que en algunos casos se han intentado acciones legales, destacando uno donde una compañera detectó un abuso sexual, sin embargo, se le cerraron las puertas y hubo un punto donde no se pudo hacer más; “las autoridades no brindan la oportunidad, no le dan seguimiento a los casos, entonces como maestras lo que hacemos con amor es apoyarlos durante la jornada escolar”.

Por último, señaló que el lado B de este entorno es encontrar niños con quienes conservas una cercanía y es emocionante verlos que van creciendo y siguen estudiando, que se mantienen alejados de la trata de mujeres en el municipio y quieren ser profesionistas; niños y niñas que están motivados y quieren seguir con sus estudios; “hay niñas que conozco y que quieren ser doctoras, enfermeras, entonces no todo es malo, también hay apoyo en algunas casas que quieren cosas mejores o diferentes para sus hijos, o que nace de los propios niños al ser más conscientes de su entorno social”.

Es así como concluimos un plática que nos hizo reflexionar sobre la trata de personas desde una experiencia, digamos, en tercera persona, la cual se debe mirar desde adentro, desde todos aquellos que directa o indirectamente se relacionan con esta práctica, con alguien como nuestra entrevistada, quien tras impartir clases en Tenancingo su vocación se vio refrendada ante las cosas verdaderamente importantes para el desarrollo académico: una buena calidad de vida que permita a los niños ver un futuro más allá de lo que viven en casa.