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Tlahuicole, otro gran desconocido

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Hace algunos años tuve la oportunidad de visitar San Pablo Zitlaltepec, y pude observar en un edificio público una pintura mural donde señalaba que ahí era la tierra de origen de Tlahuicole. Pasando por San Juan Ixtenco, alguno de sus habitantes mencionó orgullosamente que este enigmático guerrero era originario de su pueblo. Entonces ¿De dónde es? Y es que Tlahuicole es de esas figuras que la historia tiene por escurridizas y hasta legendarias, varias cosas se suelen decir. Incluso aparece en nuestro himno a Tlaxcala, pero ¿Qué se sabe de él?

El guerrero aparece señalado en algunas crónicas e historias del siglo XVI. Quizá el primero en hacer mención de éste fue en la crónica de Diego Muñoz Camargo en la Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala (1583 a 1585) la cual fue parte del corpus denominado “Relaciones Geográficas”, y en la muy conocida Historia de Tlaxcala (1592). Ahí se hizo alusión de un poderoso guerrero, casi imbatible que fue capturado durante los interminables conflictos entre Tlaxcala y la Triple Alianza. El guerrero otomí fue llevado a Tenochtitlan donde trabó una serie de diálogos con el tlatoani mexica, a quien sirvió un tiempo para después ser sacrificado, la pluma de Muñoz Camargo lo hace caer con honor. De este cronista existe una descripción de algunos rasgos físicos y de que su estirpe no era de los “muy principales, sino un pobre hidalgo”, es decir, un noble menor.

La Historia de las indias de Nueva España e Islas de la Tierra Firme de Diego Durán (escrita en 1587 la parte histórica) y la Crónica Mexicana de Hernando Alvarado Tezozómoc (1598), textos vinculados a la tradición denominada la Crónica X, en resumen la versión mexica de la historia, describen que Tlahuicole fue hecho prisionero y llevado a la capital tenochca. La heroicidad de la primera versión cae estrepitosamente ante el relato que le enmarcó como débil de carácter y hasta pusilánime, para después morir sacrificado. De este grupo de fuentes se hace hincapié su filiación otomí.

En el siglo XVIII el historiador Mariano Veytia con su obra La Historia antigua de México de 1780, se vuelve a narrar las peripecias del guerrero otomí, pero prácticamente fue una repetición de los textos antes descritos.

Será hasta el siglo XX cuando el ilustre Crisanto Cuéllar Abaroa en 1947 editó un texto intitulado Tlahuicole: notable guerrero tlaxcalteca, del cual Ángel García Cook y Beatriz Leonor Merino Carrión realizaron una recopilación y resumen del documento en 1996 en su Antología de Tlaxcala. Cuéllar Abaroa hizo una revisión a las obras de Muñoz Camargo, Alvarado Tezozómoc, Mariano Veytia, Francisco Javier Clavijero, México a través de los siglos, Higinio Vázquez Santana, Carlos de Gante, Francisco Guedea y José Bravo Ugarte. Destacó el origen otomí de Tlahuicole, la fortaleza de la gente de Tecoac para la guerra y lo contradictorio de las versiones mexica y tlaxcalteca del mismo. De esto último, el historiador no pudo evitar su orgullo tlaxcalteca al mencionar que la obra de Alvarado Tezozómoc opacó las hazañas del guerrero, y destacó que fue un guerrero muy hábil e impresionante. Cabe señalar que el historiador no aseguró que Tlahuicole era de Tecoac.

Otro historiador tlaxcalteca, Luis Nava, en la edición de 1993 de su Historia de Tlaxcala, reveló un Tlahuicole heroico, en sí fue un resumen de lo notificado por Muñoz Camargo, con cierta dosis de mitificación.

En el libro Breve historia de Tlaxcala de 1996 del historiador Ricardo Rendón Garcini, mencionó a Tlahuicole como guerrero oriundo de Tecoac sin dar una mayor explicación.

Para el año 2000, Federico Navarrete Linares y Guilhem Oliver editaron el libro El héroe entre el mito y la historia, coedición de la UNAM y el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, una recopilación de indagaciones de estudiosos sobre personajes mitificados y para los menesteres de este texto destaco un interesante análisis del belga Michel Graulich sobre Tlahuicole. El investigador europeo, comparó las versiones de la Crónica X (promexica) y de Diego Muñoz Camargo (protlaxcalteca) desmenuzó al enigmático guerrero otomí, que tuvo rasgos hasta míticos en su haber, al final si bien las dos versiones son muy contradictorias en momentos, pueden también complementarias. Es aquí donde radica la aportación de Graulich, el comprender las razones de quienes escriben las crónicas y lo que no dicen los cronistas.

En un artículo llamado “La Batalla de Tzompantzinco” de 2015, el arqueólogo José Eduardo Contreras Martínez retoma las crónicas de la conquista (Bernal Díaz o Diego Muñoz Camargo) y entre varios temas, repitió la filiación de Tlahuicole con el señorío de Tecoac.

En febrero de este año, en la página web Sitquije, Víctor Manuel López Wario recopiló extractos de las crónicas del siglo XVI sobre la vida de Tlahuicole, y retoma algunos estudios como los de José Eduardo Contreras Martínez, Michel Graulich y Christopher Méndez (el cual no conozco). Incluso dio el año de nacimiento: 1497 (dato que también aparece en sitios como Wikipedia y Facebook).

Y recientemente una nota del Sol de Tlaxcala de fecha 27 de abril de este año, el promotor cultural Rafael García Sánchez hizo un llamado para realizar una mayor investigación sobre Tlahuicole, y dos meses atrás había publicado un trabajo de Candelario Reyes Flores en el mismo periódico pero en 1960 sobre este guerrero otomí.

Es importante hacer un alto. Es poco lo que se tiene de Tlahuicole y es mucho lo que queda por responder, por tanto, me atrevo a afirmar que es otro personaje del que mucho se dice pero en realidad casi nada se sabe. A continuación expongo tres puntos que permitirán plantear preguntas y posibles hipótesis de trabajo para trabajos futuros:

1.- ¿De dónde fue originario? Por el momento no se cuenta con mayor evidencia histórica o arqueológica que permita establecer la fundación en el periodo prehispánico de Zitlaltepec e Ixtenco, época en la que Tlahuicole vivió. Incluso Jacques Soustelle y Robert Weitlaner datan la fundación de ésta última población en 1532. En el caso del señorío de Tecoac, gracias a una investigación conjunta (aún inédita) entre Martín García, Pedro Andrés Copalcuatzi y quien suscribe estas líneas, se puede ubicar su territorio en los actuales municipios de Lázaro Cárdenas, Emiliano Zapata, Terrenate y norte de Huamantla, y la parte occidental del municipio poblano de Ixtacamaxtitlan, y conforme a lo estudiado, ninguna fuente establece que Tlahuicole sea nacido ahí. Ahora bien, como éste era otomí, alguien podría decir que el guerrero era oriundo de Tliliuhquitepec, o de Atlancatepec, o de Huexoyucan o de Hueyotlipan, muy quitado de la pena ¿por qué no?

2.- ¿Qué datos biográficos se pueden ampliar sobre Tlahuicole? Salvo las menciones de Diego Muñoz Camargo sobre su posible origen noble y sus rasgos físicos, o que Hernando Alvarado Tezozómoc mencione que es otomí, se ignora en qué año nació y datos más puntuales sobre su vida, falta profundizar aspectos difíciles de responder como ¿Era Tecutli? ¿Un simple Pilli? ¿Quiénes fueron sus descendientes? ¿Qué se puede saber sobre su vida cotidiana? ¿Cómo se entrenó como guerrero? Entre otros.

3.- ¿Por qué peleaba por Tlaxcala? Es importante ampliar la explicación sobre esa relación estratégica entre los nahuas de Tlaxcala y los señoríos otomíes, más allá de ser simples defensores de la frontera, para poder comprender por qué Tlahuicole combatió por los tlaxcaltecas en franca guerra con Huexotzinco.

4.- Urge retomar los análisis rigurosos establecidos por Michel Graulich sobre las fuentes protlaxcaltecas y promexicas para poder hacer, dentro de lo que quepa, un estudio más objetivo sobre el guerrero, y evitar mitificarlo. ¡Y cuidado! Las menciones de Tlahuicole se escribieron a más de 60 años de la caída de Tenochtitlan, Diego Muñoz Camargo o Diego Durán quizá escucharon versiones de viejos que posiblemente ni conocieron en persona al guerrero y sólo recordaron lo que otros decían de él, exaltando o denostando sus hazañas. Por ende la objetividad de los datos se vuelve un tema delicado.

Por todo esto, el llamado de Rafael García Sánchez adquiere un tono sumamente pertinente.

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