Mayra se fue de EU a los 13 años, con Xinácatl reconecta con sus raíces tlaxcaltecas

Mayra se fue de Tlaxcala en 1993, a los 13 años; tiene una marca de ropa llamada Xinácatl; que refleja la mezcla de sus raíces mexicanas con su vida en Estados Unidos

Ella nació en Tlaxcala, tiene familia en San Bartolo y Tetla de la Solidaridad, pasó sus primeros seis años en Apizaco. Su madre se fue al extranjero a buscar mejores oportunidades, por lo que vivió con su abuela en Tehuacán, Puebla hasta los 13 años, en un contexto religioso y de valores tradicionales.

Cuando alcanzó a su madre en Los Ángeles, en 1993, recuerda que México era muy diferente y contrastante; llegó a una zona muy conflictiva; había peleas entre negros y latinos, vandalismo y diversos problemas sociales, por lo que su vida sufrió un cambio radical; pasó de un contexto donde su familia era testigo de Jehová a algo totalmente distinto.

Dos años después, Mayra se salió de casa de su madre y comenzó a vivir con un pandillero de La 18, una de las pandillas criminales más grandes de Los Ángeles, no tenía a dónde ir, no tenía más familiares en Estados Unidos, a los 16 se embarazó y tuvo una niña, por lo que escapó del entorno conflictivo en el que vivía. Fue así como llegó a Hollywood; “ahí fui influenciada por la vida americana, por su vida liberal e independiente, era una vida de cierta manera artificial, y aunque nunca olvidé mis raíces, el contexto me alejaba de ellas”. 

“Desde que me fui de la casa de mi mamá, sabía que si quería una mejor vida tenía que convertirme en adulta y por lo tanto ser independiente, cuando me fui con este chico era por necesidad pero no porque quisiera estar ahí, yo sabía que eventualmente me iría de él, pero no sabía ni cuándo ni cómo, y cuando quedé embarazada inmediatamente me di cuenta que no quería que mi hija creciera en ese tipo de ambiente, por lo que me escapé de una manera muy fea y ahí  fue cuando comencé a vivir sola; como mujer indocumentada, latina, madre adolescente, madre soltera, yo tenía todos los estigmas y títulos que podían poner a una mujer latina en ese tiempo, yo los llevaba, además no hablaba el idioma”.

Tras pasar por varios trabajos que la influenciaron bajo un estilo de vida y pensamiento occidental, Mayra se casó, pero era en un entorno de violencia doméstica que la hizo tocar fondo, amenazada por su esposo, ya que ella seguía siendo indocumentada, situación que la llevó a vivir en la calle por algún tiempo tras recibir una orden de deportación.

Posteriormente comenzó a hacer mucho trabajo interno y reflexión, se fue a una comunidad de yoga, porque necesitaba sanación después de todo lo que había pasado, “quería sanar mi cuerpo, mi mente, mi espíritu y reconectar con mi esencia”, se fue a Santa Bárbara, logró su residencia y comenzó a estudiar sociología.

Ella comenta que todo su dolor lo sacó en las montañas, la naturaleza la salvó y comenzó a sentir el llamado de sus raíces, por lo que 25 años después regresó a México, conectó con su familia y encontró en la medicina ancestral y las ceremonias la paz que siempre había buscado, “yo venía con mucho dolor, con mucha falta de identidad, sin un propósito, estaba perdida en el mundo, por lo que le platiqué esto a un abuelo purépecha, y él me ha santiguado”, pero al regresar a la cotidianidad en California se dio cuenta que encontró casi mágicamente lo que buscaba y ahora necesitaba explorar más su país, “en cada región que visitaba miraba mucho arte, artesanía, color, sabor, sentimiento, todo eso me provocó un espíritu de convertirme más creativa y comenzar a explorar eso”.

Mayra se considera muy mexicana para ser americana y muy americanizada para ser mexicana, pero ha aprendido a hacer converger ambas culturas, “estoy aquí y soy extranjera, pero allá también soy extranjera, ni de aquí, ni de allá”, por eso le nació la inquietud de crear algo que expresara su sentir y todo lo que venía de sus adentros “desde siempre me ha gustado la manta, y ahora ya no me gustaba la ropa que miraba en los aparadores de Estados Unidos”, por lo que decidió hacer su propia marca de ropa con bordados de obras de artistas americanos como Flowers 777.

Xinácatl, se traduce como “nalgas desnudas o piel descubierta”, y más que una marca, para Mayra es el resultado de una larga búsqueda de identidad que refleja su esencia, su espíritu errante, su experiencia de vida fluctuante en otro país y la convergencia con su origen, busca crear piezas únicas, expresar situaciones que ha vivido, su historia de vida como mujer, inmigrante, madre soltera y tlaxcalteca que encontró en sus raíces la cura de su alma.

Actualmente su ropa la venden en San Cristóbal de las Casas y en Las Islas Bermudas, pero su principal medio para vender es Instagram.

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Feeling like a Super Bloom 👚

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