Mitos y realidades en una pandemia: Creencias en tiempos del Covid-19

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Si una enfermedad llega a contagiar a una población y en lapso de tiempo, suele llamársele epidemia, si esa enfermedad amplía su radio de contagio, la epidemia se transforma en pandemia. Y dentro del factor biológico y médico que subyacen en estos conceptos, es inevitable que éstos vayan acompañados de creencias sobre los porqués de la enfermedad y las formas de combatirla, esto último me permitiría nombrarlo como los mitos de la pandemia. Me explicaré.

Cuando escuchamos mitos, la vox populi suele pensar en narraciones fantásticas, con personajes extraordinarios en épocas muy pero muy remotas, y otros sólo los tildan de cuentos que rayan en ficción plena. Sin embargo la historia y la antropología han demostrado que esas concepciones no son así de lisas, en pleno siglo XXI muchos pueblos de este planeta los recuerdan y sobre todo lo viven. Trabajos como los de Geoffrey Stephen Kirk, Claude Levi-Strauss, Miguel León Portilla o Alfredo López Austin, explican cómo diversos pueblos del mundo creyeron o creen plenamente en las narraciones míticas, y las consecuencias de los hechos míticos son palpables en este mundo, no ahondaré más en este apasionante tema, baste decir que el mito es una creencia, la cual regula la cosmovisión de un grupo social y por ende está muy viva. Ernst Cassirer en su texto El mito del Estado hizo presente que las sociedades “modernas” del siglo XX, pese a todo, también tienen sus mitos, quizá mucho más laicos, pero los tienen, como los alemanes durante la dictadura nazi. José Ortega y Gasset en Ideas y Creencias explicó lo poderosas que son las creencias en la sociedad. Por lo que me permite afirmar que en este siglo, el pensamiento mítico no es exclusivo de los pueblos menos occidentalizados, el pensamiento mítico es parte de la humanidad, está muy vivo, en mayor o menor grado.

Ahora bien, ¿Para qué empezar a explicar con el concepto de mito, el agudo tema de las pandemias? Por qué en este fenómeno denominado la pandemia del COVID-19 el colectivo social ha desarrollado una mitología sorprendente. Reitero que esto es inevitablemente, es parte de la humanidad, el pensamiento mítico está enraizado en la mente humana. No debatiré el origen de esta profunda raíz en esta ocasión. Por el momento expondré un ejemplo para empezar a probar mi punto:

La plaga de Galeno. En la última mitad del siglo II, tropas romanas asediaron Seleucia del Tigris (en Mesopotamia) durante una cruenta guerra contra los partos, durante la campaña se contagiaron de sarampión o viruela (los relatos orillan a algunos investigadores a optar por una u otra). Esto probaría que la enfermedad ya tenía un tiempo asolando a Asia. Las fuerzas militares retornaron a Europa, y entre las riquezas del saqueo, vino un enemigo mortal. La plaga se extendió a Italia, Galia, a los Balcanes y luego a todo el Imperio, con una velocidad rampante. El médico Galeno la describió en sus escritos y la combatió con la ciencia de su tiempo. La viruela o el sarampión era muy abrasiva, los sobrevivientes quedaban lacrados de sus rostros y cuerpos. ¿Y el impacto económico? Si bien los historiadores debaten sobre la magnitud del mismo, lo cierto fue que mermó las recaudaciones imperiales, detuvo la agricultura y el comercio ¿Y ante todo esto, dónde juegan las creencias –el pensamiento mítico- sus cartas en el póker de la pandemia? En la desesperada búsqueda de remedios curativos. Grecia, en este tiempo provincia del Imperio, poseía una gran tradición de oráculos medicinales, sobre todo el de Esculapio (Asclepio para los griegos), los creyentes escribían algunas notas o peticiones orales al responsable del oráculo y esperaban una respuesta que generalmente venía en un mensaje críptico. Uno de éstos fue promovido por Alejandro de Abonutico, un tipo carismático y agradable, quien emitía mensajes no siempre claros y chantajeaba a aquellas personas que exponían sus peticiones –a veces vergonzosas-, el negocio de este peculiar personaje fue incrementando y se hizo acreedor de buenas ganancias. En algún momento partes escritas del oráculo se pusieron en las puertas de varios hogares como protección. Para colmo, el mismísimo emperador Marco Aurelio solicitó un oráculo de Alejandro de Abonutico durante la guerra contra los marcomandos en el Danubio, el resultado final fue un desastre y el taumaturgo se exculpó con respuestas vagas.

Si todo esto pasó en el siglo II ¿existen paralelismos en el siglo XXI? ¡Claro que sí! En plena crisis mundial por el COVID-19 ya existen respuestas desesperadas como las que buscaron los romanos en la Plaga de Galeno. Líneas atrás se hizo mención, los mitos son laicos o religiosos. Los mercados tradicionales en Etiopía y en la India ya ofertan medicinas locales, según un portal de France24, y la gente se acerca con fe a adquirirlos. En Facebook –y aquí hemos de irnos con cuidado- se difundió un video en un mercado presuntamente mexicano donde se comercializa con veladoras como producto místico contra el coronavirus. No se trata aquí de burlarse de las creencias de la gente, ni a llenarles de improperios por su actuar, sin embargo siempre habrá “Alejandros de Abonutico” en el mundo y una necesidad imperiosa de gozar salud.

Recientemente, también en redes sociales, vi una fotografía de un joven en el centro de Tlaxcala, con un mensaje que decía “El coronavirus no mata, el pecado sí”. Reitero, no es atacar al individuo por sus creencias. A primera vista la mofa de quienes no se inclinan por su fe sale a la luz, pero si se lee con un poco de calma hay puntos importantes que valorar. En el cristianismo (católico, evangélico, metodista, ortodoxo, siriaco, copto, etc.) el valorar el alma del individuo más que el cuerpo se origina por la idea de la salvación que Jesucristo dio a la humanidad, librándola del pecado. El alma es inmortal y conforme a las acciones en la tierra, puede alcanzar el Cielo o padecer el Infierno. Por tanto, aquel individuo invita a los transeúntes a que cuiden su alma, con buenas acciones, porque el pecado la puede “matar” condenándola a tormentos terribles, el COVID-19 sólo “destruirá” el cuerpo, pero el alma sobrevivirá. El mensaje del joven no implica que uno no tema al contagio y opte por una actitud irresponsable, incluso él tenía un cubrebocas.

Se pueden tomar otros ejemplos de pandemias monstruosas en la historia como la peste negra en la Edad Media, los aterradores ataques de los mongoles arrojando cadáveres a las ciudades que sitiaban o la mal llamada “Gripe española”, y en ellas aparecieron explicaciones de tipo mítico, las cuales regularon la forma de ver el mundo de muchos individuos. No importa cuántos siglos hayan pasado, la humanidad necesita explicaciones, ora científicas –muy valoradas en la actualidad-, ora míticas, para poder comprender, aprehender y actuar en el mundo presente que vive. Lo peligroso es cuando la desinformación o las creencias orillan a tomar actitudes dañinas e irresponsables. Cierro este escrito con dos reflexiones de dos intelectuales:

La primera del brasileño Paulo Freire, destacando que la educación, en diversos momentos, permitirá a la humanidad comprender al otro, generar diálogos constructivos para la mejor resolución de problemas:

Una educación que posibilite al hombre para la discusión valiente de su problemática, de su inserción en esta problemática, que lo advierta de los peligros de su tiempo para que, consciente de ellos, gane la fuerza y el valor para luchar, en lugar de ser arrastrado a la perdición de su propio “yo”, sometido a las prescripciones ajenas. Educación que lo coloque en diálogo constante con el otro que lo predisponga a constantes revisiones a análisis críticos de sus “descubrimientos”, a una cierta rebeldía, en el sentido más humano de la expresión; que lo identifique, en fin, con métodos y procesos científicos.

La segunda de Carlos Fuentes, quien destacó que la información es crucial para la toma de decisiones inteligentes:

“[…] todos están de acuerdo en que la naturaleza del progreso en el siglo XXI dependerá, ante todo del factor educativo. La educación como base de conocimiento. El conocimiento como base de información. La información como base de desarrollo” 

Educación e información, bases importantes que la humanidad debe sostener ante esta crisis sanitaria que vivimos.

Edilberto Mendieta García

Ocotlán, Tlaxcala.

Abril 2020.

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