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Cultura

Rumbo a la huelga, obreros tlaxcaltecas en 1905-1907

Huelga-Tlaxcala-Obreros
Foto: Deep Politics

Por: Edilberto Mendieta García.

Miembro de la Sociedad de Historia, Educación y Cultura de Tlaxcala

Twitter: @EdilbertoMendi5

Facebook: www.facebook.com/edilberto.mendietagarcia

Correo electrónico: edilbertomendieta@gmail.com

El establecimiento de fábricas textileras, entre 1864 y 1901 en Tlaxcala generó transformaciones importantes para los habitantes de la región Central (un triángulo geográfico entre Villalta, San Francisco Atexcatzinco y San Pablo del Monte). En un artículo anterior publicado en Escenarios se hizo hincapié sobre este tema. La gente sencilla, que probablemente no tenía tierras para laborar, fue a buscar ahí su sustento. El trabajar para sostenerse, esa fue la premisa de los artesanos y campesinos desheredados. En palabras del historiador franco-español François-Xavier Guerra, en ese eje industrial nombrado Puebla-Tlaxcala-Orizaba fue el vientre donde se concebiría y se formaría el verdadero proletariado en México, “En la época porfirista sólo se encuentran a los verdaderos obreros […] en la industria textil” (1991:175). Así surgiría el obrero textil tlaxcalteca, si bien sí consiguió ingresos para su familia, también encontró sinsabores.

Se tiene noticia que en un principio las empresas textileras de la región Puebla-Tlaxcala gozaron del beneplácito de las autoridades mexicanas, al mantener fuertes aranceles a los productos de algodón y lana del extranjero. Eso benefició a los empresarios, pero no a la naciente clase obrera, que tenía sueldos muy bajos. De pronto ¡Boom! Aparecieron fábricas textiles por doquier: en Atlixco, en Metepec, en Texmelucan, en Puebla, en Amaxac, en Santa Cruz Tlaxcala, en Chiautempan y en Papalotla. Hubo bellos años de buenas ventas, la bonanza era maravillosa.

Pero la situación se agudizó en 1905-1907 con una fuerte sequía que encareció los productos alimenticios. A esto se sumó que las mercancías hechas en Tlaxcala se enfrentaron con la incursión de textiles de Orizaba que eran más baratos, y las ventas decayeron. El sueño fabril de los empresarios se convertía en una pesadilla: si los compradores eran la gente sencilla y no le alcanzaba para comprar productos textiles ¿De dónde iba a sacar el capitalista ganancias si las ventas se volvían terriblemente bajas?

A los empresarios no les quedó de otra, redujeron los salarios para recuperar algo. Los obreros vieron más mermados sus ingresos. Salarios de por sí pobrísimos que se extinguían en la tienda de raya, excesivamente cara. La queja era unánime:

Es muy frecuente que los trabajadores, después de una semana de privaciones y fatigas, todavía resulten adeudados con sus explotadores. Hay partes en que a todos estos males, se agrega el no hacer los pagos con moneda corriente, sino con boletas que representan cierta cantidad y sólo son aceptadas en la tienda de raya a cambio de pésimas mercancías. […] En resumen, el jornal del trabajador con ser demasiado bajo, se reduce hasta lo más ínfimo con tantas contribuciones, descuentos, y deudas, que son verdaderos latrocinios (Manifiesto, 1988:212-213).

El salario oscilaba en Tlaxcala entre 25 a 37 centavos a la semana en adultos y 12 a 18 centavos en niños, afirmó Mercedes Meade, en una estimación general (1994:111). Moisés González Navarro informó que la fábrica de San Manuel tenía 35 obreros: 15 hombres, 10 mujeres, 10 niños, con un salario diario de 18 a 75 centavos diarios; El Valor: 75 obreros, 25 hombres, 20 mujeres y 30 niños con un jornal de entre 18 a 75 centavos (1970:186-188). La población obrera de Tlaxcala era muy poco numerosa, en 1895 se contaba con 2,112 obreros varones, 889 mujeres, y para 1910 eran 1,434 hombres y 35 mujeres (González Navarro, 1970:230). No obstante pocos, fueron capaces de organizarse para enfrentar esta seria crisis, quizá no con toda la conciencia de clase, pero con una gran capacidad para reclamar mejores condiciones y salarios. Y el Partido Liberal Mexicano (PLM) de los hermanos Flores Magón empezó a atraer el movimiento obrero tlaxcalteca para apoyarlo.

Sin embargo, ya en Tlaxcala había antecedentes de lucha obrera. En 1885 en El Valor, los trabajadores se quejaron de las vejaciones cometidas por los patrones, aunque no salieron bien librados. En “mayo de 1898, los trabajadores de la fábrica de hilados San Manuel, Tlaxcala, decidieron holgar en vista de que no se les concedió el descanso en un día festivo.” (González Navarro, 1970:47), el intento también fracasó, pero el ensayo por agruparse y luchar espantó a los españoles industriales.

Aunado a la crisis, los obreros tlaxcaltecas aprovecharon el descontento generalizado para combatir la marcada discriminación cometida por los empresarios. Los mejores puestos eran para los “extranjeros”, españoles venidos del otro lado del Atlántico, y se despreciaba la capacidad mexicana. ¡Basta de ese trato! En todas las fábricas de textiles se manifestó en contra de ese agravio, no obstante, en la Fundidora de Panzacola, fue la excepción; sus operarios tlaxcaltecas gozaron de buena estima al especializarse en máquinas extranjeras, que por lo general, eran operadas por empleados de otros países (Gutiérrez Álvarez, 2000:138).

Las multas por los errores en el trabajo, afectó terriblemente el bolsillo del obrero. Éstas comprendían pago por las herramientas rotas (ya sea por su continuo uso o por descuido) y retardos; el dinero juntado “inculcaba en los trabajadores una rígida ética del ahorro” (Gutiérrez Álvarez, 1998:300).

Otro motivo de queja de los obreros tlaxcaltecas, fue la intromisión de los patrones en el caserío (lugares de alojamiento para trabajadores) con las inspecciones arbitrarias dentro de estos: Se interrogaban a las visitas que el proletariado tuviese, y hubo férreo registro a las lecturas de los trabajadores, todo esto para evitar contaminación socialista. De estas colonias nacidas de los caseríos, informó Gutiérrez Álvarez, la más importante fue la de La Trinidad (1998:299).

Por último, los reglamentos internos de las fábricas fueron arbitrarios, y sus objetivos centrales oscilaban entre el sometimiento de los operarios, la regulación de los comportamientos e inculcar buenas costumbres como el amor al trabajo y la abstención al alcohol. El descontento obrero tlaxcalteca comenzó su efervescencia en 1905:

El 31 de octubre de 1905, la burguesía textil enquistada en Puebla y Tlaxcala, decidida a aplacar cualquier signo de rebelión que afectara las bases de su dominio soberbio, formó una comisión de industriales para llevar a cabo un estudio sobre las causas del creciente malestar y de la rebelión obrera. Los resultados no podían ser más convincentes. Reportaron la urgencia de reducir la duración de la jornada de trabajo, el aumento de los jornales y la prohibición absoluta de maltratar a los obreros. Detrás de esta medida precautoria subyacía la intención de la burguesía […] para aplicar toda una serie de medidas correctivas que lograran la inmunización de los trabajadores al virus del descontento y de la rebelión (Ramírez Rancaño, 1987:14).

El reglamento resultó el punto donde la burguesía asentó esfuerzos para controlar a sus trabajadores. El Centro Industrial Mexicano (CIM), agrupación patronal de las fábricas textiles, publicó el 3 de diciembre de 1906 una normatividad muy agresiva; en Tlaxcala se dio a conocer en las fábricas de La Josefina, las factorías propiedad de la familia Gavito y en La Trinidad.

Todos estos detonantes desencadenaron fricciones entre obreros y patrones. Los primeros no tuvieron opción y declararon la huelga el 4 de diciembre de 1906. No se iba a tolerar la actitud del CIM, 800 tlaxcaltecas se unieron a la lucha:

A los poblanos se unieron los tlaxcaltecas, con lo cual el total de huelguistas ascendió a 6800. Un diario católico calificó de injustas sus pretensiones. Los propietarios resolvieron no acceder, y los huelguistas amenazaron con una huelga general. Los voceros oficiales calificaron de ridícula su actitud y afirmaron que sólo consideraban su interés particular. Para el 6 de diciembre ya era total la huelga en 34 fábricas poblanas y tlaxcaltecas.” (González Navarro, 1970:57)

El obrero tuvo necesidad de agruparse para defenderse, y puso en jaque a los empresarios. ¿Hubo consciencia de clases como dictan los cánones marxistas? Probablemente sí. Pero lo más importante fue la organización proletaria, buscando mejores condiciones. ¿Cómo terminó el movimiento? Se solicitó el arbitrio del presidente Porfirio Díaz, quien al dar su veredicto final: ordenó mejorar la situación laboral de éstos, una reducción del trabajo diario, una reglamentación al trabajo infantil y sanear las instalaciones industriales; a la vez ordenó que el 6 de enero de 1907 las labores debían reiniciar. El CIM ignoró al mandatario y simuló cumplir el veredicto. Los obreros de La Tlaxcalteca desconocieron el fallo presidencial Gutiérrez Álvarez, 2000:208) por considerarlo insuficiente. Los trabajadores de La Trinidad tomaron como arma el paro una vez más al ver que sus patrones no cumplían el veredicto (Cuéllar Abaroa, 1975:19).

El lamentablemente, la masacre de Río Blanco terminó con los anhelos proletarios tlaxcaltecas para mejorar su situación, debido a que la respuesta del Estado Mexicano había sido en favor de los patrones y la sangre obrera se vertió sobre el suelo veracruzano. Los obreros tlaxcaltecas tuvieron que callar o irse de la fábrica.

Bibliografía

Cuéllar Abaroa, Crisanto, La revolución en el Estado de Tlaxcala, México, Biblioteca del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, tomo 1, 1975

Gamboa, Leticia, “Los momentos de la actividad textil”, en Aurora Gómez-Galvarriato [coord.], La industria textil en México, Instituto Mora-El Colegio de Michoacán-El Colegio de México-UNAM-IIH, 1999, pp. 224-265.

González Navarro, Moisés, Las huelgas textiles en el Porfiriato, Puebla, Editorial José M. Cajica, 1970, (Biblioteca Cajica de Cultura Universal, 69), 404 pp.

Guerra, Francois-Xavier, México: Del Antiguo Régimen a la Revolución, traducción de Sergio Fernández Bravo, prefacio de François Chevalier, 2ª edición, 2 t., México, Fondo de Cultura Económica, 1991, tomo 1, pp. 29-58 y 157- 181.

Gutiérrez Álvarez, Coralia, Experiencias contrastadas. Industrialización y conflictos en los textiles del centro-oriente de México, 1884-1917, México, El Colegio de México-Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades-BUAP, 2000, pp. 13-220.

______________, “Organización y control de los trabajadores en la industria textil: El sistema social de la fábrica en el Altiplano Puebla-Tlaxcala, 1892-1914”, en Romana Falcón y Raymond Buve [comp.], Don Porfirio presidente… nunca omnipotente. Hallazgos, reflexiones y debates. 1876-1991, México, UIA-Departamento de Historia, 1998, pp. 297-309.

Hernández Padilla, Salvador, El magonismo: historia de una pasión libertaria 1900-1922, 2ª edición, México, Ediciones Era, 1988, pp. 13-79.

“Manifiesto de la Junta Organizativa del Partido Liberal Mexicano 30 de septiembre de 1905”, en Salvador Hernández Padilla, El magonismo: historia de una pasión libertaria 1900-1922, 2ª edición, México, Ediciones Era, 1988, pp. 204-219.

Meade de Angulo, Mercedes, Tlaxcala, monografía estatal, 2ª. Edición, México, Secretaria de Educación Pública, 1994, 202 pp.

Portos, Irma, Pasado y presente de la industria textil en México (Prolegómenos del Tratado de Libre Comercio), México, INAM-IIE-Editorial Nuestro Tiempo, 1992, pp. 17-35.

Ramírez Rancaño, Mario, Burguesía textil y política en la revolución mexicana, México, UNAM-IIS, 1987, pp. 7-30.

Rendón Garcini, Ricardo, Breve historia de Tlaxcala, México, Fondo de Cultura Económica-El Colegio de México, 1996.

_____________, El Prosperato. Tlaxcala de 1885-1911, México, Siglo XXI Editores-Universidad Iberoamericana, 1993, 274 pp.

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